La realidad es que la situación debía cambiar, nada de lo existente es válido- dijo el más joven.
La actuación ha de ir más allá y golpear donde más le duele al opresor- continuó otro joven con cara de bien comido y de recién llegado de la universidad.
El más lejano en la reunión, también en la disertación y en la altura de sus pensamientos, no vería realmente la teleología de las circunstancias ni la praxis de la lucha, como no desarrollaba dialécticas ni entendía de propagandas por la acción, estaba allí sólo para comprobar que eran, que estaba, que existían. Porque pudiera ser que no existieran ni fueran, ni siquiera estuvieran.
El primero se ajustó las gafas, terminó de tomarse la cerveza que tenía entre las manos, miró al horizonte mar, azul, verde y algo negro y continuó con un rosario de realidades telúricas, Consecuencias atávicas que eran maniatadas o rotas o vilipendiadas o violadas... o...o..
A pesar de haber vivido toda su vida en la ciudad tenían cerca, como todo lo era allí, la casa familiar, con huerto, con árboles con tierra regada con el sudor de sus padres y de los padres de sus padres, y de los abuelos de sus abuelos y los tatarabuelos de sus tatarabuelos hasta casi el origen de la vida. Entre las piedras entresacadas había dolores y amaneceres fríos, atardeceres calientes, vísperas de fiesta, noches de preocupación y días de largura entre las mujeres de la familia, las fiestas familiares no trastocadas por nadie que viniera del mar, las montañas o la llanura, como fue siempre, como siempre había sido, como debía ser.
Entre las rocas, la tierra ventada y roturada, la huerta y la acequia se colaban las verdades dolménicas de las palabras, tan suyas como el nombre de la casa o del camino que les llevaba al mundo.
El intelectual de las gafas retomó la palabra con un idioma algo extranjero, el que conocía, e indicó lo que tenía que hacerse; era claro, era verdad, tanto como las flores, el arroyo del valle o la realidad de cemento que era la suya pero en la mente sobrevivía esto.
El segundo de los jóvenes asentía con certeza con mesiánica convicción. El mundo era cuadriculado, roturado, también, en su forma, recogido y extendido, estirado para ajustarse a la verdad, conocida y reconocida. Era un duro trabajo aventar el grano y la paja trillada para llegar a la verdad, ponerla de manifiesto.
El tercero, el hortelano, el que entendía el lenguaje de ocupación porque fue obligado a aprenderlo, a pesar de que sus padres también lo conocían y lo empleaban, asentía entre la admiración y la realidad.
El sueño se acabó en un instante cuando se bajó al ajuste de las teorías a la práctica: "obligar a", " reconocer su situación de opresores", "pueblo".
El objetivo era claro: Nada más que hacer, ahora hablar con el segundo de ellos mientras el primero desaparecía como un Alejandro Magno entre las callejas oscuras pero iluminadas por un sol de nuevo amanecer. Ahora los problemas domésticos serían resueltos entre su interlocutor, con el que habló un día, con el que jugó en el frontón, con el que corrió por las calles y le indicó lo que no veía.
bonhamled
Me duele en Recuerdos del día de mañana.
Nota: Capítulo 3 del cuento "Resuelto mundo"; Capitulo 1; Capítulo 2.
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