La primera intención ha sido la de rasgarme las vestiduras, pero una vez he pensado en el hecho: un delincuente en Noruega quiere negociar una reducción de su pena (19 años) a cambio de la devolución del cuadro “El grito” de Edvard Munch, Este hecho está en la órbita de lo que se ha convertido el arte y en lo que no debió de dejar de ser nunca. Conviene añadir, como apostilla, que ya hay tres personas condenadas por el delito pero que, sin embargo, el cuadro (invendible) no ha aparecido.Explico lo de “lo que se ha convertido el arte y en lo que no debió de dejar de ser nunca”:
- El arte es algo subversivo, algo que se adelanta y, de esta forma, niega el presente actual establecido buscando una alteridad. En otras circunstancias también el arte es trampantojo, pantomima, engañifa, fraude y engaño. Por un lado u otro el arte se puede considerar la parte más preclara y menos adolecida de cuentas con la ley, aunque en su simiente está ese “nosequé” algo delictivo y nefelibata.
- La segunda derivada del asunto es la total comercialización y cosificación del arte, ya sea el cine, la música, muchísimo, la literatura y en general todas las musas se llenan de anagramas comerciales, de minutos de consejos publicitarios y de todo un entramado que ni da de comer al artista, si al menos fuera eso, ni tampoco es sincero y honesto.
El propio arte fagocita y devuelve el regüeldo o la egragópila de todo lo anterior pero reconvertido en arte de nuevo, de esta forma está por delante incluso de los comerciantes del templo o de los cumplidores de condena.
Por ambas razones no me parece inadecuado el trato, cambiar la pena de cárcel de un delincuente por un trozo de tela que esconde mucho delito en ella. Cosa diferente será si se ha quemado o deteriorado como “arte decadente”, no sería la primera vez que ocurre en la historia en ese caso la perdida, ya valorada, ya “descontada”, ya contabilizada sería un cheque, una transferencia y una afirmación del mundo de contables que nos rige.
Hay sin embargo otro par de razones, que al final se apoderan del discurso, para considerar el trueque infamante:
- El delincuente que cumple condena lo hace como consecuencia de un atraco en una empresa (siete millones de euros fue el botín) que culminó con la muerte de un hombre, sólo por eso el arte y las anteriores premisas deben dejar paso a la justicia. (Aunque opiniones discordantes hay al respecto y yo podría añadir alguna más aunque en este caso parece claro).
- Una segunda parte es la función última del arte, por encima de mercachifles y de Augustos y clowns del mundo de la sensación y la paradoja a golpe de canapé, que es la de conmover, es decir no mentir, enseñar, mostrar, interiorizar y hacer asimilar una idea. En este caso la angustia, el miedo, el pavor a los que se acercan van tan en línea contraria a este mercadeo que parece absurdo.
Con todos estos antecedentes y visto que Noruega es un país civilizado, me jugaría una de mis manos a que al final se llegará a un acuerdo (se ha considerado el robo un ataque a la cultura noruega) y, de nuevo, la ruleta perversa del arte, la vida y la sociedad dará una vuelta nueva.
Dixie & bonhamled
Hablando sobre la justicia, la belleza y el arte (¿No eran lo mismo?), al menos si en Recuerdos del día de mañana.
1 comentario:
La redención por el arte, aparecieron los cuadros, me congratulo, y en buen estado, me congratulo más aún. Pero no se conocen los tratos que han originado está "epifanía".
Más aquí.
http://www.elmundo.es/elmundo/2006/08/31/cultura/1157038742.html
Publicar un comentario en la entrada