Ahora que el éxito de la selección de España de baloncesto ha sido refrendada con el Premio Príncipe de Asturias del Deporte me hago una serie de preguntas sobre el fútbol y el baloncesto: el fracaso continuado del primero y el éxito del segundo.
El fútbol ha sido sintagma nominal en la ocultación/demostración social de las situaciones sociales y políticas (el porqué: lo ignoro), pusimos en ello nuestros anhelos y vivencias, un equipo en España, el Real Madrid, habiendo reunido la generación de futbolistas de mayor talento de la historia se hizo campeón en Europa con una asiduidad que hizo a muchos pensar que la vida era así: un triunfar.
La política de aquellos tiempos (la dictadura) abundó en el sofisma: Régimen = Victoria y sacó réditos étnicos y políticos de los sucesos hasta la saciedad. No fue el último ni el único: Argentina en 1978 y otros muchos se apoyaron en el deporte más sencillo, más bélico, más popular, más filosófico, literario y más común del siglo de la velocidad donde el individuo dejó paso a la masa y su pensamiento: los autoritarismos.De esta manera nos desayunamos, entonces, los españolitos con un fútbol y un régimen que nos dejó, al morir, un amor por los equipos, las banderolas, predecesoras de otras epifanías banderiles, de jugadores odiosos, de sutilezas de acero y de pequeños arrebatos, todos cambiantes por una vida social y política languideciente en spleen yermo y el pulso de los poderes para hacer uso de los deportes de manera política.
Ahora nos echamos las manos a la cabeza cuando vemos que el fútbol no es eso y la antonomasia máxima del país: la selección nacional de fútbol se manifiesta como el cofre de todos nuestros vicios, defectos, complejos y miedos en una sinécdoque heredada que nos afrenta (Vázquez Montalbán expresaría este pensamiento de manera parecida por con mas fundamento y talento).
En otro lado, los deportes individuales, que no representan más que el talento o la voluntad individual o algunos colectivos que no se mancharon con ese populachismo logran éxitos muy valiosos: campeones del mundo. Los muchachos del baloncesto: altos, saludables, corredores, saltadores, que no se cansan, que no se deprimen, que viven con un pie en el aeropuerto y otro en el gimnasio, el video o la pizarra, demuestran que las proteínas no solo nos han hecho más altos sino también un poco más listos.
Esta inteligencia y esa listeza tan de pícaro se abandonaron en la liturgia de la melancolía futbolística: tiene demasiado de vida. Puede que el baloncesto inaugure ese pensamiento competitivo de que el que nos anoten no es tan grave si nosotros anotamos más, que no es grave el mantener el territorio sino la integridad, que es importante no esperar sino adelantarse, que cada uno vale para varias cosas, que el talento puede no estar tan repartido entre todos pero que todos pueden optar al talento de la inteligencia común (Marina Dixit). Es decir que la guerra clásica, fútbol, muere para vivir la nueva guerra, la baloncestística: sin pendones, sin colores, sin capturas: el talento y la audacia y, también, éxito.
Puede que por eso haya tantos jugadores españoles de baloncesto en la mejor liga del mundo, NBA; haciéndolo bien, y casi ninguno de futbol en las ligas extranjeras (y cuando se van vuelven rápido cuan boomerang por morriñas y horrores diversos), por eso vemos como ganan el campeonato mundial y, además, son un grupo querido, admirado y sobre todo envidiado.
El fútbol, el fútbol es otra cosa, quizás el sueño falso del lumpenproletariado: casa grande, modelo rubia, comida abundante, trabajo poco, amor del público, recibimiento de políticos obesos… tras eso el despertar y la vida representada en los números rojizos en la oscuridad del dormitorio: hora de ir a trabajar. Quizás se añora los tiempos donde el ganar en el futbol era parecido al trinfar o al vencer en el “mundo”. El futbolista el héroe, el mesias o incluso el revolucionario, sin embargo la cosa es otra, sin trabajo, sin organización, sin talento no se triunfa: la verdad es así, la realidad es esta.
España y su fútbol es eso: el descalabro diario del tener que ir a trabajar, el baloncesto es otra cosa, es el salir con pie fiero tras un desayuno adecuado, una ducha llena de dicha y un miedo nulo a la vida. ¿Refleja, como indique no hace mucho, la forma de ser un país su desenvolvimiento en el deporte?, pues si o pues no a tenor de lo visto.
Elegimos pesimismo u optimismo (hace rato que dejé de hablar de deporte). Aunque dentro del futbol hay algo de optimismo como si lo bueno, lo bello y lo justo pudieran ir juntos (tremendo espejismo) aunque la realidad es que solo el trabajo y el esfuerzo da su ventaja, el resto: políticas, esperanzas torpes, ilusiones ilusas, algo más que el esfuerzo de cada uno, es falso. Dixie & bonhamled
Deportes que son, en el fondo, teatros, pueblos que son, en el fondo, utopías: Recuerdos del día de mañana.
1 comentario:
De pequeño le daba al futbol hasta que crecí tanto que no había zapatillas para mi pie. Así comencé con el baloncesto que abandoné para terminar los estudios universitarios.
Ya soy una criatura baloncestística. Pertenezco a esa minoría que ve los partidos y disfruta con ese deporte no canonizado por los medios de comunicación pero si por el éxito. Aunque en un futuro ya no ganemos nada, nadie me quitará lo bailado.
Saludos.
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