Quienes esperaba encontrar una alocución política en la sentencia a los crímenes cometidos el 11M en Madrid se han equivocado. Tanto aquellos que esperaban que se diera razón a quienes apoyándose en un vano atacaban al gobierno de entonces como los que, a la contra, atacando una teoría con más agujeros que un queso de Gruyere validaban al gobierno de ahora.
La sentencia prueba lo probable y descarta las interpretaciones, juicios de intención, hipótesis más o menos alunadas y todo el barricadismo político y crispación de lo que ha ocurrido desde el 11 de marzo de 2004, mejor sería decir desde el 14 de marzo, hasta la actualidad.
E
l resto ha sido ruido y cacareo de medios que buscaban en teorías contrarias a la lógica y a la terrible cuchilla de Ockham el amanecer de sus intereses eufónicos. También defensores y eulogistas que buscaban en la defensa del que aposenta su antifonario en las sillas del poder alguna prevendilla no lejana.
Lo terrible, mirando la prensa, es que las inquietudes, a tenor de las declaraciones de unos y otros, es si se “desmonta” o no la teoría conspiranoica. Si el fallo aclara tal o cual detalle infinitesimal sobre el que reconstruir un edificio no de mentira sino de falacia o si tal o cual hecho descalifica al gobierno o la oposición. ¿Y la justicia?, ¿Y las víctimas?, ¿Y las familias?, ¿Y la compensación?, ¿Y los interrogantes?, ¿Y el daño hecho a la justicia con este juego de “especialistas”?. Eso es realmente lo importante, y al mismo nivel la probabilidad de que estos hechos se repitan. Pero eso queda oculto por la ola de insidia y sordera política y mediática.
En general la sentencia da idea sobre lo “conocible”, sobre lo “probable”, sobre lo que se sigue en lógica pero no sobre toda esa lista interminable de beneficios para uno y otro, relaciones rocambolescas, vinculaciones tales o cuales hechos, presuntas conspiraciones de tamaño de la pirámide de Gizeh, etcétera, etcétera, en un devenir episódico extenuante.
Es decir, encontramos en la sentencia lo que en purismo y lógica cabía esperarse, con la ira de ver algunos con “rostro” y maneras de culpable escaparse sin pena pero eso, ay, eso es también consecuencia de los magníficos principios rectores de la justicia que rige por planteamientos jurídicos y legales y no por borbotones impulsivos. Parecía, y así ha sido, que los “tecnicos” de la justicia desmontaron, solo por añadir luz, a esas conspiraciones, algunas burdísimas, dándonos toda la verdad posible de su ratio decidendi. Por eso quien creía encontrar la piedra filosofal de sus propios traumas en el escrito del austero y presionado juez Gómez Bermudez se equivocaba, se equivoca y se equivocará con la justicia.
Ahora, de nuevo, la “actualidad” trae de nuevo a los agujerólogos, a los declinólogos, conspiradores psyop, a los complotistas, a los conturberniadores, a los convolutanos, conjuristas de paso corto, a los que buscan responsabilidades en Viriato, a los que quieren rentabilizar la sangre, a los que quieren cargar al anterior gobierno con, lo que ningún gobierno tiene responsabilidad: la respuesta terrorista, a los que quieren llenar la panza llenándonos la cabeza de tonterías y teorías simiescas, a los paladines defensores a cambio de... y toda una nueva separación dicotómica del mundo biológico y pensador.
Es decir aquellos que nunca han dejado de decir lo que parecía verdad pero que tampoco han permitido que se manifestara ni el principio básico de prudencia y respeto a la justicia y a la convivencia.
Esperemos que pase pronto.
Verdades y dolores en Recuerdos del día de mañana.
Bonhamled
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