Hace un tiempo, no mucho, decidí hacerme la vida más sencilla y escapar de mis cadenas. Las que todos tenemos, las que nos especia la vida con una guarnición de pequeños dolores.
Esta manumisión implicaba un reconocerme y un repensarme tanto a mi mismo como en mi relación con otros y con el mundo. Ocupé un verano en pensar en mis “zonas erróneas”; como dice aquel libro que no leí, es decir, aquellas concepciones del mundo y de mi mismo que distorsionaban mi actuar. Una vez asumido el mundo lo más “real” posible entonces se pude adoptar una estrategia para evitar/eludir, cambiar, mitigar, reconducir o, en última instancia, aceptar los embates de la vida. ¿Parece fácil? No lo es tanto. El esfuerzo intelectual es arduo y a veces, se necesita la experiencia de un terapeuta para huir de esa "cárcel", por suerte no fue mi caso, al menos en esta ocasión.
Lo primero que fue necesario es un tiempo de fuerte actividad, a ser posible física, para poder "vaciarse" a ser posible en un ambiente menos agobiante que la ciudad – por eso el verano es un tiempo óptimo para acometerlo. El vaciarse de esos problemas, en muchos casos ligados a vivir encerrado en la ciudad-trabajo-casa, de no comer de forma saludable, de no hacer un ejercicio que nos canse, ya implica tomar consciencia, panorama y, al tiempo, solución de los problemas. El "vaciarse" soluciona problemas por si solo y además en ese punto, vacío por el ejercicio y la naturaleza se puede comenzar el periodo de repensamiento.
Lo primero es buscar los problemas y, de manera sencilla, encontrarlos y ver la fuente objetiva de ese dolor: trabajo, pareja, relaciones, enfermedades, familia. Una vez encontrada abundar en la importancia de lo que nos aqueja para, después y como dije, Evitar/Eludir, Cambiar, Mitigar, Reconducir o Aceptar cada una de esas cosas. Muchos de los problemas desaparecen sin más al tocarlos como en un torpe embrujo.
Todo esto que digo, que parece de Perogrullo, es un camino hacia el Damasco de reconocerse: saber lo que se hace bien y mal, saber con quien se congeniará y con quien no, creerse como persona y creer en los demás, ser consciente de lo posible y lo imposible, de las debilidades y de las fortalezas y de la conciencia de lo propio. En este camino se dejan jirones de dolor y aparecen luminas, luces que no siempre son positivas pero siempre nos hacen crecer y conocernos. Es un huir del espejismo de lo propio y de los demás para abrazar la verdad de la realidad.
En ese punto es cuando se está en disposición de tomar la vida como una carrera de fondos que tiene pequeños sprints, contextualizarnos en donde estamos, aceptarnos y evitar la angustia al "pesar" cada hecho de una manera autoasertiva y no simplemente negativa o destructiva. En resumen dejar de cargar el mundo sobre nuestros hombros.
En ese punto es donde una “estrategia vital” se hace necesaria, nos dará la receta para evitar llegar al mismo sitio: la angustia bloqueante. Por desgracia conozco mucho de todas estas vaguedades y realidades que las que hablo.
Seguiré hablando en otros posts venideros de este asunto: la reconciliación con mi propio yo con el que me ha costado amistar, no lo he logrado del todo. Sin embargo esta amistad con el hombre que hay en mí que diría Machado, me ha reconfortado desde en cada instante de la vida sin grandes alardes y sin grandes espejismos.
Yo en Recuerdos del día de mañana.
Foto de un lugar relajante: http://alhambrahotel.blogdiario.com/tags/en/
Golgotha de Munch: http://www.new-york-art.com/Munch-Golgotha.jpg
1 comentarios:
Análogo camino seguí hace años y redefiniéndome dejé unas cosas claras que a la postren me identifican como persona. Al ejercicio me llevó la ansiedad laboral que nunca dejo de sentir del todo y que, en bastantes momentos, me vence.
Por cierto tengo ese libro y sólo leí un par de capítulos.
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