El ser descreído da unos ojos nuevos para pensar esos lugares comunes flaubertianos de la política y quitarle toda la patina vieja y conocida para que se muestre como en radiografía. Ahora hablaré de la diferencia entre las culturas de la izquierda y la derecha.
La derecha parece habitar en un pequeño reducto algo acomplejado y simple como si tuviera que justificar que no tiene nada que ver con aquellos dictadores pequeñítos y asesinísimos que han poblado sus campos. La derecha, la democrática, sea conservadora, socialdemócrata, liberal o demócratacristiana casi nunca ha tenido que ver con ellos pero es un estigma que sangra como en beata nueva. El sistema que vivimos, heredero del pensamiento liberal, es el mayor y mejor heraldo de su teoría, sin embargo solo vemos todo su abanico de imperfecciones y no la imposibilidad de encontrar otro, no lo hay, ni la posibilidad de crear un mejor mañana sin necesidad de sangres y revoluciones cada diez minutos. Cierto es que quien lo vende parece que quisiera que no se lo comprasen pero eso es, quizás, otra fábula.
Por otro lado, la izquierda vive ufana en un sistema de protección social y de honorabilidad que no siempre ha sido así ni se convierte en lo que dice: es la peor cuña de la misma madera en algunos retrocesos sociales. Echa en cara a las derechas su pasado oscuro y sin embargo oblitera los “socialismos reales” como egregios y torpes ejercicios de política asiática. Oscurece sus conflictos y sectarismos, amplía los de las derechas y vive con un estribo en la demagogia sin embargo su publicista/propagandista debería recibir el Oscar, el Nobel e incluso el Premio Planeta: es todo talento. Las izquierdas radicales son aquellas que todos apoyarían para otro país/región/lugar: tienen tanta razón y son tan imposibles que no habría otra forma.
Las derechas no saben vender su cuento, las izquierdas si. Las izquierdas proponen un mundo mejor que casi nadie cree pero que es muy bonito, a veces y en parte se hace realidad pero casi siempre es solo frase y sensación. La derecha parece que roba pensiones, niega consultas y todo lo da al vil metal, a la hora de la verdad no es tan así, pero como lo cuentan tan mal y, a veces, tan a gritos.
En resumen, mientras que la izquierda ha creado una cultura que le sigue con fidelidad romántica y religiosa, las derechas, casi todas, han de explicarse cada cinco minutos con complejos que, en verdad, no deberían ser así. Cuando no son complejos son prepotencia pasiva/agresiva y eso, la verdad, es que da miedo.
Yo equidistante de ambos, no por indolencia, sino por falta de fe, veo estas derivas y me hacen gracia… pero tampoco demasiado.
Apoplejías de derecha e izquierda. Recuerdos del día de mañana
1 comentarios:
Como siempre, todos los extremos son malos :
el nacionalismo, basado en la soberbia y el egoismo colectivo, verdadero 'cancer' en el espacio
y en el tiempo;el izquierdismo, basado en la negacion
'de-lo-propio' y el auto-odio : otra 'perversion' del espiritu humano...
Un abrazo cordial.
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