miércoles, junio 25, 2008

Manifiesto por la lengua común.

Vivimos en la era donde la política se refugia en la cultura para hacer un campo abonado en el futuro. Es la forma más rápida y fácil de hacer clientes políticos creando reductos controlables y desde el cual se pueda aleccionar. Este es el caso de la lengua que debía ser vehículo de unión y, al final, se convierte en muro de incomunicación buscada.

Los nacionalistas catalanes y vascos, y desde hace poco los gallegos, poco a poco “extranjerizan” a los que no hablan las lenguas originales de esos lugares y proscriben con la ley en la mano, y la libreta de las multas, lo que en la calle no es así, la convivencia natural de lenguas. De esta persecución que algunos llaman “normalización lingüística” surgen no pocos inconvenientes, desmanes e injusticias para con el castellano y también contra la educación y cultura en esos lugares que buscan un imposible solipsismo maximalista de Rh puro a fuerza de negar a los que no son de allí tanto en la administración, como en la universidad o la cultura.

Puesto que las lenguas vasca, gallega y catalana son un patrimonio cultural irrenunciable y que como vehículos de cultura han de promoverse y extenderse no se entiende que el empleo del castellano-español deba hacerse subterráneo y en reductos donde las otras lenguas no quieran desarrollarse, aplicando la misma lógica. Además implica una miopía grande: ya que se “saca” la lengua castellana de las escuelas y queda su modelo en manos de las terribles televisiones o en los usos espurios con lo que se depaupera y se hace mortecina y pobre.

Un grupo de escritores, pensadores y periodistas, de diferente afinidad y pelaje ideológico, firman manifestando esta misma idea: la depauperación política buscada de un idioma y, al tiempo, la conculcación de derechos de educación y comunicación en una lengua que, no olvidemos, hablan cuatrocientos millones de personas en el mundo y es la de mayor crecimiento en Internet. Y por si fuera poco, además, es oficial en todo el estado.

Este manifiesto, como mi opinión sobre é, no tiene nada en contra del gallego, el euskera o el catalán y solo pide que la educación pueda darse en la lengua común también y, sería el óptimo, que fuera en todas las lenguas posibles con igual dedicación e impulso porque mayor será el patrimonio de los jóvenes. Es decir no una u otra sino una y otra, y otra y otra más.

Y, además, porque la lengua que maltrato en estos párrafos tanto es de Valle-Inclán, gallego, como de Baroja, vasco, de Plá, catalán, de Octavio Paz, mexicano, de Juan Gelman, argentino, de García Márquez, colombiano o de Vargas Llosa, peruano-español y firmante del manifiesto, como es suya, y mía, y de quien esto lee, creo que es una obligación curarle las heridas a la lengua. Heridas que crean los políticos e intentar darle un poco de brillo, ahora oscurecido por los chirridos y los intereses de los butacones y las poltronas.

Animo a indicar con la firma que esta creación de una metacultura oficial en algunas regiones no solo conseguirá lo contrario de lo que persigue sino que hará banales y políticas lo que solo debían ser hablas entre personas.

Nota: Todos los partidos mayoritarios, se callan en una opacidad dolosa….probablemente necesitarán en auspicio y aliento “D’Hont” de todos aquellos que entre elecciones se dedican a mandar a los castellanohablantes a las catacumbas. ¿Todos los partidos?, todos no, alguno resiste ahora y siempre a ese invasor con una poción mágica que les hace casi invencibles: el sentido común. Hablo de UPyD.

Nota última: ¿Por qué no se promueve, si eso es lo que se busca su expansión, el aprendizaje del catalán, euskera y gallego en otras partes de España?.......