jueves, agosto 28, 2008

La muerte de Soltzhenitsin

El veraneo escondido tras el alejamiento canicular del ordenador no me dejó referenciar o indicar la muerte de Alexander Soltzhenitsin el pasado tres de agosto. La muerte de aquel que soñó en morir en verano quizás pensado en el verano como el cielo frente a los infiernos de frío gulag en los que vivió, incluso después de su liberación.

Soltzhenitsin es un personaje controvertido, nacionalista en la URSS, disidente combativo, premio Nobel, reaccionario en un país donde lo reaccionario tenía otro bando y, en general, valiente y atrevido frente a una maquinaria soviética que descuartizó, eliminó e hizo traicionarse a la mayoría que no solo eran enemigos per se sino eran enemigos de clase lo que condenaba a toda su parentela y amigos.

He leído al menos dos de sus libros “Archipiélago Gulag” y “El tercer círculo”, minuciosos, apremiantes y con una despaciosidad que definía esa muerte querida, buscada, perseguida por el sistema sin necesidad de condenar “sin correo” (pena de muerte) al reo. En su literatura, que tiene algo de tolstoiano, se recorre la amplia llanura rusa desde el pequeñísimo lugar de la celda, del ostracismo, del insulto al enemigo del pueblo, quizás en esa premiosidad estanca se encuentra el grito callado de libertad de sus orígenes cosacos.

Esa fue la patria que Soltzhenitsin no quiso buscar en la guerra fría de aquella Unión Soviética de tremendísimos silencios. Luego encontró una Rusia con iguales atalajes de imperio pero más acorde a su ser. Incluso Putin, heredero del KGB, le condecoró y lloró su muerte en tiempos donde el nacionalismo ruso recibe reveses.

Esta es la muerte del escritor, del hombre, del disidente, un día de verano donde olvidar los infinitos días de invierno.

Descanse en paz Soltshenitsin. Recuerdos del día de mañana.

Fotografía: http://www.elperiodico.com/default.asp?idpublicacio_PK=46&idioma=CAS&idnoticia_PK=533377&idseccio_PK=1006


En la respuesta de Juan Benet, otro escritor de mis entretelas, se puede encontrar la crítica de aquellas izquierdas que permanecieron mudas, sordas y ciegas, sino conniventes ante el descalabro del absolutismo asesino stalinista. Por suerte como hay otras derechas diferentes a las radicales hay, o deberían haber, otras izquierdas diferentes a la que verbalizó Benet.