miércoles, agosto 27, 2008

Tras Beijing 08 todo sigue igual

Han acabado los juegos olímpicos más espectaculares de la historia: Beijing 08. Tan espectaculares que tuvieron coreografías de miles de personas, pirotecnias que fueron, en realidad, proyecciones trucadas, y hasta una niña guapa que hacía playback sobre la voz de la cantante: una niña fea.

Vivimos un fenómeno olímpico con las maravillas de los deportistas, mitad héroes, mitad diablos picados de medicamentos terribles. Vivimos la era de Phelps, el grande, de Bolt, el rápido, de giros, de saltos, de carreras, de combinaciones imposibles y de espectáculo.

Ese fue el proscenio, por detrás la policía china no dejaba a nadie salirse del guión escrito, ni pobres, ni ladrones, ni, por supuesto, disidentes. Éxito deportivo y comercial pero fracaso anunciado en las libertades y derechos.

China encabeza el medallero, 100 medallas, en loor de su régimen y de sus medidas exportadas de la RDA de los setenta niños forzados hasta la extenuación y diseñados para el éxito, cuantos se quedarían en el camino e inversión sin fin para unos juegos que dicen que si en la cara pero que esconden muchos noes.

No a la democracia, no a la libertad de expresión, no a los derechos humanos, pero si al mercado sin controles, si a la omnipotencia del régimen, si al nacionalismo tras las medallas, si a la presión internacional que ha callado ante el espectáculo, si a la censura.

Los que pensaban que el olimpismo traería aires frescos de apertura se ha encontrado en que solo era dinero, dinero que alimenta y refuerza la imagen de un regimen dictatorial, dinero que regala para que todos les sonriamos y un reforzamiento en sus posiciones y sus postulados comunismo ultraliberal: lo peor de ambos mundos. Este es el legado de Pekín 08: dinero, propaganda, espectáculo y oportunidad perdida. El COI aumenta su poder pero disminuye su credibilidad.