sábado, septiembre 20, 2008

Aquellos veranos de antaño

Recuerdo mi infancia y no en un patio de Sevilla como decía el poeta sino con veranos larguísimos desde junio a septiembre y a mi padre de “rodriguez” esperando el día D del 31 de Julio para el desembarco en la procesión con millones camino del destino veraniego, montaña, playa.

Caravanas irrenunciables iniciadas muy temprano a las que se iba con la alegría del descanso, casi el cambiar de vida durante un largo mes. La ausencia del aire acondicionado y un calor más asumible que hoy nos llevaba al veraneo al grito de “carretera y manta” y parada, y pis, y vómito de niño, y cansancio, y bocadillo en papel de plata y canciones toda la familia junta, luego después incluso pugna por el usufructo del radiocassette. Eran otros tiempos.

La vuelta siempre deprimente y depresiva nos encerraba en el calor de Madrid, sin agua, en las casas pequeñas, en los riesgos en la calle, en los coches raudos y en un otoño que ya se manifestaba. Ese era el panorama en verano. Ciudades vacías y pueblos, playas y montañas llenas e instantes de caravanas sin fin.

Ahora los precios, la vida, los trabajos nos parte las vacaciones en dulces semanas, en el mejor de los casos varias, en el peor una sola, ya nada es igual. Las caravanas no se unen un día sino que se multiplican durante todo el verano es una eterna “operación salida”, ya un jueves puede ser tan peligroso como el "princeps" día 1 de Agosto y la amenaza del tráfico ingente y “delincuencial” nos hace adoptar usos paranoicos y algo absurdos: por ejemplo salir un martes a las cuatro de la mañana, etc.

Ahora la ciudad no solo no se vacía sino que si se puede huir de la canícula se nos manifiesta más humana: lugares de aparcamiento, amigos que hace que no se ve, oferta cultural y de ocio, distancias más cortas, y menos, mucha menos de esas gentes que decía Sartre que siempre eran el infierno, mucho más en verano.

En resumen un nuevo panorama que como siempre y como todo nos indica que “todo es susceptible de empeorar”, eso si con aire acondicionado en la casa, en el coche y con una molestia que ya nada nos hace ocultar. Quizás fuera aquella infancia, aquellos tiempos y aquellas ilusione lo que nos lamina los pensamientos negativos y solo afloran lo positivo de aquella nostalgia, siempre enemiga.

Pasado, cuchillo que espera para asesinarnos. Recuerdos del día de mañana.

4 comentarios:

Penélope dijo...

Bueno. Siempre te queda la posibilidad de enchufarte a "Cuéntame cómo pasó". Pero vivir un verano en madrid, no está nada mal. Hay trucos, hay lugares, hay calles, hay momentos...que no "son" el resto del año. El verano en madrid es el momento de sentirte más curiosa que nunca. El momento de perderse. El momento de encontrarse.
O será que yo sigo siendo una loca de esta ciudad que todo lo da y todo lo quita, y aun así, siempre encuentro un momento, un lugar, para ser feliz. Incluso con cuarenta grados a la sombra.

Saludos!

bonhamled dijo...

Yo no vivía, ni vivo, en Madrid sino en un pueblo del extrarradio de aquellos crecido a la necesidad de mano de obra establecida.
Los setentas no fueron años tan idílicos como muestra la tele, lo bueno era menos bueno y lo malo infinitamente más ácido.
Madrid era un deseo en el horizonte.

Blog de un asocial dijo...

Yo soy un poco más joven y no sé nada de esa época como tampoco confio en que la familia Alcántara fuera al NODO lo que la familia Simpson a la familia media americana.

En cualquier caso, recuerdo los veranos como algo bastante freak y bizarro con mi padre siempre de mal humor, viajando en un viejo ford con todos los trastos, sin apenas espacio y con los animales metidos dentro del coche pasando calorazo.

Por cierto, yo también vivo en una localidad del extrarradio pero ya no es tan pueblo ahora es una colonia de Rumania.

bonhamled dijo...

Recordar el pasado siempre es un veneno melancólico y nostálgico, solo mirando la calle vemos que todo lo bueno era mentira.. lo peor es que el ahora también lo es