
Cuando muere un dictador o cuando cae en manos de la justicia un terrorista el día nace menos turbio, las flores se marchitan menos e, incluso, los enterradores clavan sus palas en el brumoso mundo de la diosa tierra con más fuerza. Un dictador muerto, por desgracia casi siempre en la caliente cama de nuestra memoria, o un terrorista capturado, casi siempre quebrantando su sueño de mañanas sangrientos y "hoys" terribles significa un poco menos de ignominia, un poco menos de terrible fatalidad del destino, un bastante menos de retorcimiento de las ideas, la filosofía y la política para dar amparo a sus motivaciones y movimientos. También algunas personas que seguirán andando ignorantes del destino de sangre y dolor que le tenían destinado otras que se caracterizan por las pocas luces y la mucha intransigencia.La madrugada del pasado domingo al lunes cayó en manos de la policía francesa el terrorista de ETA Mikel Garikoitz Aspiazu, “Txeroki”, jefe de los comandos operativos de ETA, esto es, el que señala el cómo, el cuando de la muerte y de la coacción, era lel mecanismo ejecutor de la cabeza bisbiseante y venenosa de la serpiente y el golpe brutal del hacha. Bien por los cuerpos y fuerzas de seguridad del estado, bien por los servicios de inteligencia y bien, en general por el estado de derecho que augura a este sinvergüenza de treinta y cinco años, al menos otros treinta y cinco en las cárceles.
Es un día algo mejor que el anterior a la detención, aunque fuera domingo.
Imagen: http://www.publico.es/174864/detenido/francia/txeroki/jefe/aparato/militar/eta
Matones tras las rejas, tiranos bajo tierra en Recuerdos del día de mañana.
2 comentarios:
estoy de acuerdo y acompaño a España, en lo que significa convivir con ese flagelo del terrorismo. No comparto el "romanticismo" tipo Che Guevara.
Son todos unos locos de mierda, que no tienen más poder que el del terror.
El domingo leí una frase de Albert Camus bastante buena que decía algo más o menos así: Que siempre va a existir la batalla entre la tolerancia y la violencia; pero definitivamente hay que ver que es más fuerte. O qué vamos a hacer pesar más; o las balas o las palabras
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