
Revive junto con la memoria histórica y la película/libro “Los girasoles ciegos” la vida y las historias de aquellos perdedores de la guerra civil y las resistencias, algunas violentas, casi todas sordas contra una dictadura que les golpeó fuerte, negándoles, asesinándoles, abocándoles a una incultura y oscuridad de casi cuarenta años.
El intento voluntarista pero sospecho que inútil de enjuiciar la historia del juez Garzón acabará en un pacto de silencio, el mismo que ha permitido vivir desde la transición hasta ahora: quizás no es mal trato toda vez que los protagonistas han ido desapareciendo y la memoria ha sido, y casi siempre lo es, un tremendo enemigo. Sin embargo algo en el cerrar en falso este cofre del pasado esconde una tremenda y terrible iniquidad porque las retarguardias, y toda España fue una retaguardia desde 1939 hasta 1961, fueron donde los crímenes políticos, las venganzas personales, la eliminación del contrario, del adversario, del diferente fueron el día a día. Como consecuencia de esa represión uniforme y multiforme, que fue agostándose con el otoño del dictador, dos generaciones vieron cercenadas y reprimidas no solo su libertad, que por supuesto fue puesta al servicio de la causa, sino su pensamiento, su educación, su capacidad de futuro.
Los historiadores cifran en 150.000 los muertos por la represión franquista. Vía El País.
Este artículo es un pequeño tributo a aquellos exiliados, emigrantes, ocultos por años, muertos en vida, ignorados y en el ostracismo, cuya vida, cuyas muertes se ocultaron por necesidad, por seguir adelante en la transición y ahora y antes de que el tiempo sea mucho conviene recordar, conmemorar, recuperar pero sin intentar reescribir una historia ácida ni vengarse de un alguien nunca será el culpable porque el culpable: el tiempo y las circunstancias, ya han dictado sentencia setenta años aunque las amargas consecuencias de la dictadura, políticas, sociales, históricas, psicológicas aún hoy siguen apareciendo como un ciprés de larga sombra en la sociedad de los españoles.
De aquellos, de aquellos sojuzgados, temerosos, constreñidos, amenazados surgió, junto con muchos que huyeron de la vergüenza del régimen aún cuando fueron hijos o herederos de los vencedores, la semilla de lo que hoy vivimos, libertad, democracia y un poco de falta de memoria que nos ha hecho vivir sino un poco más felices al menos un poco menos enfrentados.
“Españolito que vienes
al mundo, te guarde Dios
una de las dos Españas
ha de helarte el corazón”. Antonio Machado
El hoy nos trae historias terribles de personas, peones, en el viento de la historia. Aquel que azotaba a unos y a otros como pequeños barquichuelos en una pila infantil. No caben venganzas ni juicios supremos, solo cabe asimilar, metabolizar y pasar página pero para poder recordar y conmemorar sin echar sal a las heridas antes hay que pasar por poner cada cosa en su lugar y llamar a cada cosa por su nombre: no será fácil, la inercia del silencio de los cuarenta años, casi cuarenta años después, aún pesa.
El pasado olvidadizo en Recuerdos del día de mañana.
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