
ETA mata, es un eco ignaro, repetido, insomne, terrible y de repercusiones incuantificables.
ETA mata de nuevo a un ciudadano, Ignacio Uría, le quita la vida, por no se que cosas, aludiendo a no se que razones, de acuerdo a no se que motivos. En resumen: ninguno. Mata por seguir matando, por respirar matando para decir que matando demuestra que está. Cuando realmente no está ni está políticamente, ni está filosóficamente, ni está socialmente, solo está, y si acaso, en el aspecto más delincuencial y criminal.
ETA se siente garante de un pueblo que ni se lo ha pedido ni quiere que sea su vicarío perverso y sangriento y, mucho menos, imponga su idea exclusivista, cerrada etnocéntrica y alejada de la realidad de sociedad vasca.
Ignacio Uría era un empresario de aquellos que construyeron su empresa, sin abandonar su pueblo, su gente, su "partida" de cartas, su responsabilidad con su familia y la sociedad más cercana que les rodea a partir de la pequeña empresa de su padre, albañil. Era por tanto un típico empresario que gracias al esfuerzo y al trabajo de una vida tenía derecho a considerarse parte de la sociedad por su aportación y confianza. Los que le han asesinado solo han visto en él, un empresario con el que ejemplarizar al resto, a los que se le chantajea, también han visto a un cuerpo sobre el que descargar balas con destino a Ajuria Enea y a la Moncloa y, por último a un simpatizante nacionalista para indicar todos los que no están con ETA son enemigos.
Ignacio Uría era un empresario de aquellos que construyeron su empresa, sin abandonar su pueblo, su gente, su "partida" de cartas, su responsabilidad con su familia y la sociedad más cercana que les rodea a partir de la pequeña empresa de su padre, albañil. Era por tanto un típico empresario que gracias al esfuerzo y al trabajo de una vida tenía derecho a considerarse parte de la sociedad por su aportación y confianza. Los que le han asesinado solo han visto en él, un empresario con el que ejemplarizar al resto, a los que se le chantajea, también han visto a un cuerpo sobre el que descargar balas con destino a Ajuria Enea y a la Moncloa y, por último a un simpatizante nacionalista para indicar todos los que no están con ETA son enemigos.
Si observamos, en este caso y puntualmente, el interés de ETA por cortar, coartar cualquier tipo de comunicación con el exterior, esto es saboteando el tren de alta velocidad, asesinando a los constructores tras las autopistas y trenes de alta velocidad vascos, como en este último caso, nos deja un resabio muy conocido: no quieren que los vascos miren fuera, sino adentro. Y dentro del país vasco es donde imponen su presión de camisas pardas, con la violencia, con la muerte, con la presión, con los miles de vascos exiliados para poder vivir. Este es el síntoma y la verdad, no quieren abrirse a un mundo que nos obliga a todos a mirar, conversar y considerarnos a todos ciudadanos sino que quieren vivir en una historia ruralizada, inculta y dominable, creada a su interés.
Este es el futuro que plantea ETA, el pasado. Recuerdos del día de mañana.
Imagen: http://www.publico.es/espana/180172/ignacio/uria/trabajador/incansable
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