El gobierno de España promete la nacionalidad a todos aquellos, en la persona de sus hijos o nietos, que abandonaron el país por la emigración exiliada y política o la del hambre, ambas son caras de una misma pobreza y de una idéntica falta de futuro. Es un sucedáneo de justicia cuarenta, cincuenta o sesenta años después,Sin entrar a negociar si me parece justo o injusto, aplicable o inaplicable, creo que en el fondo esconde un romanticismo fuera de época pero necesario para sentirnos un poco menos ruines. Ruines en la carne de aquellos que tuvieron que marcharse para evitar perder la vida, la dignidad o, simplemente poder buscar un futuro que aquí se negaba.
Ruines en nosotros mismo que fuimos aquellos, aquellas gentes que se fueron con lo puesto quizás con un poco de dignidad residual, quizás con algo de prisa, quizás con bastante hambre.
Dejando volver a sus hijos devolvemos ese estado inicial, quizás erróneamente, quizás abiertos al fraude, quizás de forma muy discutible, pero, por otro lado el olvido, lo que les hizo marcharse, es tan oprobioso que no podemos olvidar más, debemos recordar y, en la medida de lo posible y lo real, volverlo a un estado éticamente digerible.
La reconciliación con el pasado que comenzó quizás interesadamente se ha parado, puede que también de forma medida, por mor de un “no revolver el pasado” que niega el llamar al pasado en lo que fue: asesinato a los “paseos”, que no quiere llamar “secuestro de niños” al robo de bebés, o que no quiere llamar “Guantánamos” a los centros de detención, checas y campos de concentración que existieron en la gran guerra psicológica de este país, con dos grandes bandos enfrentados: unos y otros, víctimas y asesinos, de ambas partes de la barricada.
Emigrantes necesarios, diarios, ajenos, nosotros. Recuerdos del día de mañana.
- Fotografía: http://www.flickr.com/photos/smb_flickr/1359438511/
- Imagen: http://www.parainmigrantes.info/wp-content/uploads/2008/08/emigrantes.jpg
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