Tras el asesinato de Ignacio Uría podemos ver, entresacado de las imágenes, el silencio terrible y de muerte que reina en la necrosada sociedad vasca.
Esta es la terrible realidad del País Vasco, una sociedad enferma que a fuerza de convivir con la muerte y con la presión del terror acaba manteniéndola, justificándola, amparándola, asimilándola, comprendiéndola. Y esa comprensión que linda con el “algo habrá hecho” aplicable a las víctimas acaba pareciéndose a la mafia, al miedo intrínseco y profesional, al control total de la mafia, a la filosofía e ideología de la mafia, a su extensión como mancha de aceite en lápida a todos los aspectos de la realidad: la universidad, la política, la economía, los movimientos sociales, etc. Y a un fatalismo que lo acepta mientras no sea uno mismo el muerto o, incluso siendo uno mismo.
La reacción terrible contra la muerte de Miguel Ángel Blanco, que introdujo miedo a todos los que obtienen beneficio directo o indirecto del terror, los que juegan al tute y toman valium pero luego, quiero creer en la soledad de sus casas lloran a los muertos y maldicen a los matarifes. Parece haberse desvanecido, parece haberse acabado, parece medirse para que cada acción de ETA genere miedo y no ira, genere temor y no descalabro, quiera parecerse a una salida y no a un callejón sin salida y aunque instantáneamente pueda parecer una rebelión al final acaba solo siendo un punto y seguido terrible hasta la siguiente víctima, sería la 944.
Este es el país vasco, algunos matan moviendo el nogal, otros esperan y aguantan recogiendo las nueces y el resto, la mayoría, sufre, pone los muertos, se mesa el cabello y tiene miedo de hablar o decir por si le oyen. Parece que poco a poco, según la banda y sus acólitos son más débiles y endebles, que el silencio se apaga, L'estaca, se mueve, pero es tan lentamente y con tanto dolor que a veces se duda.
Imagen: http://blogs.periodistadigital.com/24por7.php/2008/12/05/sopena-internet-sociedad-vasca-esta-enfe
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