O bien el
PP quiere que gane Zapatero, o bien los que “crean” las
ideas luminosas que expone Mariano Rajoy son
topos del partido socialista, sino no se entiende los últimos
despropósitos. No es mi intención entrar en la profundidad de la sima política, y sus propagandas y griteríos me falta afición y estómago sino pensar sobre el polémico
“contrato para los emigrantes”.
Lo de “provocar u obligar” que los emigrantes se integren en la sociedad receptora topa con tal cantidad de problemas reales, logísticos e, incluso, de conciencia, religión o de operatividad en el marco constitucional que al final solo queda para boutade de campaña electoral. En eso me recuerda la buena idea pero malparida Educación para la ciudadanía donde su bondad inicial se vió perturbada por su mala ejecución real que permite el sesgo y el adoctrinamiento. Aunque en este caso es algo más grave porque ha llegado a ser ley.
Parece que lo que se busca es que los emigrantes extranjeros cumplan las leyes, respeten las costumbres de los españoles, aprendan la lengua, paguen sus impuestos y trabajen activamente para integrarse. Es decir, una parte que todos apoyarímos pero…¿Cómo se hace eso?, ¿Cómo se obliga a otros los que nosotros mismos no estamos obligados a cumplir al 100%?, ¿Cómo se convierte en ley lo puede nacer con un sesgo de prejuicio e incluso xenofobia y racismo casi evidente por lo subjetivo?
Comencemos por la parte contratante de la primera parte: el emigrante:
Que un emigrante deba adoptar unas costumbres que no son las suyas y que, por obviedad, están por encima de la ley me parece algo ciertamente exótico, por mucho que se de en otros países. Además es rayano en lo autoritario. Me explico. Si esas costumbres son ley, sabemos que no es necesario firmar nada ni conocer nada: nos obliga a todos por igual en un estado de derecho. Si esas costumbres son lógicas, recomendables, necesarias para el buen orden podrán ser requeridas porque, a fin de cuenta, la costumbre, las presentes, hacen ley. Osea que incluso por ese lado no habria problemas. Pero si esas costumbres no son ni una cosa ni otra, sino que son potestativos de cada lugar, de cada regidor, o de cada época,ahí aparece el la sombra del posible tinte autoritario, ¿se le puede obligar a alguien a adoptarlas?. Si no cumple ¿será expulsado? (no hablo de las jacarandosas declaraciones de algunos colectivos de emigrantes acerca de la presunta obligación de los extranjeros de gustar de siesta o de toros), ¿el hecho de no aprender el idioma, o tener costumbres diferentes implicarán su expulsión? O solamente es una forma de decir el evidente: Quien delinca será expulsado.
Este pensamiento, el acoso al emigrante díscolo, puede tener acomodo en las mentes de muchos, incluso la mía misma dependiendo del contexto, pero sin embargo si se piensa topa con problemas no solo irresolubles sino divinos: la ley y los derechos que los españoles nos hemos dado: esos que nos permiten afrontar al Leviathan del estado y el poder que hace que la sociedad tenga vocación de provechosa, libre e igualitaria.
Es decir, si a un español en ningún lugar se nos dice que tenemos que amar y querer a nuestro país, el desquerimiento a España es una constante en la historia, tampoco nos obliga que debamos emplear un idioma u otro, salvo al dirigirnos a la administración, o unas costumbres u otras, o trabajar activamente ¿Se debe obligar a esto mismo a quien viene de fuera?, ¿Vamos a crear carnets de ciudadanos por mucho que vengan de fuera?.
Hay personas que les molestan la presencia de inmigrantes por su color, con sus costumbres singulares, con su punto de vista diferente y eso se equipara a “atacar”. Lo cierto, y esto es una verdad absoluta, es que lo verdaderamente ofensivo es la pobreza, enfermedad contagiosa y terrible y frente a eso nacen estas iniciativas terribles y absurdas y antesala de terribles futuros. No debe confundirse este razonamiento con el que implica el terrible caso de la emigración ilegal o el de los delincuentes extranjeros: en ese caso hablamos de delincuentes, en el segundo caso, o de personas con estancia irregular en el país que poco tiene que ver con esto.
La postura de buena intención, no lo dudo, acaba en el empedrado del infierno del todopoderoso estado y su vicario el gobernante frente a la ciudadanía. Todo ello es un planteamiento simplista y que requiere mucho más trabajo y concreción si quiere definirse, sobre todo para no ser, ya de inicio, anticonstitucional. Además para mi no se si es peor la presunta amenaza de los emigrantes o el sesgo que toma la política de atacar los derechos más fundamentales de los ciudadanos, sean de aquí o de allí.
Este engendro, como digo, se une a la tonelada de medidas electoralistas de los partidos para contentar a aquellos que consideran que la emigración o los emigrantes son el “mayor” problema de España. Se equivocan. Los emigrantes pueden ser el mayor reto de este país, con la economía, con el terrorismo, con la violencia machista, con el futuro de los jóvenes, con la vivienda, etc pero de lo que no hay duda es que son también una fuente de riqueza no desdeñable.
En otros países con infinitos más problemas de integración y de emigración (hasta el punto que son segundas o terceras generaciones y por tanto NO son emigrantes) ha costado mucho hacer pasar alguna iniciativa de este porte: simplemente hace aguas. Recordemos todo el rifi rafe de la política lingüística en Cataluña por “sugerir” fuertemente que todo el que vive allí ha de conocerlo.

Esta iniciativa que tiene buena intención, evitar problemas, empedra el camino hacia la buena integración y que haya menos molestias para los que aquí estamos pero… ¿En este contrato quien dice lo que debe y no debe adoptar un emigrante?. Exijamos cumplimiento de la ley. Un estado de derecho no puede ni debe ir más allá y atosigar y hostigar al emigrante, el más débil, solo ocasionará problemas aún mayores.
El integrarse, el conocer el país, el entender de sus leyes, de sus costumbres, como aquellos emigrantes españoles en las riquísimas Suizas o Alemanias se “impuso” pero no con la coacción de la ley y la política sino por la propia sensibilidad del afectado y su propia ventaja con el límite de la ley.
Gentes de lejos en
Recuerdos del día de mañana.
Bonhamled
Foto: http://blogs.periodistadigital.com/emigrantes.php/2006/11/08/espana_recibe_35_481_inmigrantes_por_mar_2005
Foto: http://www.swissinfo.org/xobix_media/images/reuters/2007/reuters_20070331-155732-450x320.jpg
Viñeta:
http://usuarios.lycos.es/euroim/imagenes2/roto-emigracion.jpg