La selección española de futbol nos dio una lección ayer de como no se pierde un partido, de como se aguantan los embates de los musculosos alemanes y como se gana un partido con los recursos de los que se cuenta: en este caso muchos. Y por último como se triunfa y se sabe triunfar.
Ojalá esta unión, esta comunidad de talento, sentimiento y sacrificio, esta fe, este sentir para conociendo lo que se es, y como se ha de hacer, llegar al éxito significara un punto de inflexión en la España cainita, centrífuga, carpetovetónica, país de conejos, unidireccional y miserere en la que vivimos.
Ojalá entendiéramos que el equipo: la experiencia de Luis Aragones, el toque del catalán Xavi, la vista del albaceteño Iniesta, el pundonor del vasco Alonso, la sorpresa maravillosa de Cesc, también catalán, el cuchillo inmisericorde del madrileño Torres, de la voluntad lesionada del asturiano Villa, de la capacidad sin descanso de los andaluces Marchena y Sergio Ramos y de los catalanes Puyol y Capdevila, del milagro bajo los palos, el madrileño con nombre vasco Casillas, de la ferocidad en cuerpo pequeño del canario Silva, de la sorpresa de la sentencia del andaluz Güiza, todo ello sirviera unido y aderezado para que podamos conseguir el éxito. El cómo estemos unidos importa menos, que el propio sentimiento de unidad y de idea compartida.
Ojalá supiéramos el amor de las dedicaciones: al Doctor Genaro Borrás, fallecido hace unos meses, a Antonio Puerta, defensa internacional muerto a principio de año o, incluso, el homenaje a aquellos que hace 24 años, en la Eurocopa de 1984, perdieron la final ante Francia. Ese corazón grande, ese abrirse en primavera, augura éxito como el aroma da idea de la flor.
Ojalá este creer en el triunfo, en el trabajo, en el equipo, en todos fuera común y corriente en nuestros andares cotidianos y no un paréntesis sorprendente.
Ojalá algunos centromesetarios recidivantes entendieran que Cataluña, que aporta la columna vertebral y gran porcentaje del talento de este equipo, es tan España que sin Cataluña no sería España, sino las extensiones del poblachón manchego que es Madrid y carecería de ese espíritu europeo, cosmopolita, de seny que tal bien encarnan los catalanes. Cataluña tampoco sería lo que es sin ese Leviathan que queda a su oeste, amante terrible pero querida.Ojalá entendieramos, también, que un "emigrante", Senna "corazón incansable", que es aproximadamente el 10% de la alineación, como son el 10% los emigrantes que viven en esta piel de toro, aportan, dan, enriquecen hasta hacernos sorprender y resultan imprescindibles para el éxito.
Ojalá comprendiéramos, también, que los que habitan el palco, políticos, estadistas, funcionarios grises, advenedizos de mayor o menos graduación son, han sido y serán meros visitadores y observadores del esfuerzo ajeno, del sudor de otros, del coraje de otros, de la vida de otros. Sus interpretaciones siempre tras la barricada y en lugar caliente y cómodo nos llevan a los demás a desgañitarnos sin más.
Pudiera ser que aquellos que ceban su nacionalismo antológico y onánico, catalanes, gallegos, vascos, muchos españoles y alguna otra especie casi de broma y chanza entendiera que crear países, naciones, sensaciones, sensibilidades no es cosa de broma ni de invento. Una buena idea bien traída es más que esos miles de conspiranoicas, complots de salón, enjuagues de lo público y lo políticos y mucho engaño mezclado con mentira, vuelvo a decir el como se organice, es otra cosa.Por último, ojalá este sortilegio rompa el maleficio de acechanza que siempre hunde a las dos Españas: la optimista malinformada y la maliciosa pesimista que se miran lanzándose puñales. Podemos y, de hecho, lo hemos conseguido, es el triunfo de la España trabajadora, alegre y concienciada, ...mañana, la política, la vida social, la sanidad, el paro, los problemas, etc.
Por desgracia, por el entusiasmo y porque siempre que hablo de fútbol acabo hablando de vida, todo esto no es más que el triunfo de un grupo de deportistas sobre otros con menos suerte. Mañana todo lo que me gustaría que no fuera seguirá siendo, pero eso... será otro cuento.
Futbol, vida y triunfos en Recuerdos del día de mañana.
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