jueves, enero 08, 2009

Ingrid Betancourt Levi

Seguí el año pasado el secuestro de Ingrid Betancourt con la angustia que ya conocía en el secuestro, martirio y muerte de Miguel Ángel Blanco. Me negaba a aceptar de nuevo lo que ocurrió en el caso del político vasco con el hallazgo de su cadáver. Por suerte en el caso de Ingrid Betancourt no fue así y todo se saldó con una liberación que olió fragante como la victoria.

Sinceramente no seguí la vida política de Ingrid Betancourt y me preocupaba y me preocupa poco si se alía en las derechas o en las izquierdas. Simplemente vi en su cuerpo y en su secuestro una metáfora terrible de la vida social y política de una Colombia convulsa. Según pasaba el tiempo veía como poco a poco la piel se me tornaba en escama y el pensamiento en filo. !Es imposible que esa crónica de esa muerte anunciada se convierta en verdad!. Imposible por posible, imposible por inmoral, imposible por repetición del chantaje de Miguel Ángel Blanco, imposible por repetida por el desacuerdo moral terrible que representaría con el paso y devenir del pensamiento humano en un millón de años.

Por eso cuando fue liberada, en una operación, de la que nunca sabremos todo, mis labios musitaron un “menos mal” que en algo me reconciliaba con este mundo. Porque su liberación se asemejó a la entrada de aquel oficial soviético que liberó Austzwitz y que indicó a los cadáveres andantes, como a Primo Levi, su posibilidad de volver a enfrentarse al mundo. Un mundo sobre el que Primo se preguntaría el resto de su vida, o, quizás el resto de su muerte. Una pregunta que le acuciará como saeta a Ingrid Betancourt.

Ingrid Bethancourt miró sufriendo a la hidra cara a cara, vio los colmillos sucios y venenoso del mal y ahora, como Levi, Frankl, Amery, Gelman, Soltzhenitsin y otros muchos, se verá abocada, condenada, bendecida, iluminada y conminada a vivir la vida como respuesta a un hecho terrible. Ahora es difícil que huya de ese gulag de la obligación de manifestarse contra la inmoralidad del robo de la persona, de la muerte sentenciada, del derecho de unos fuertes sobre otros débiles. Es su condena de por vida y, al tiempo, es la bendición para los demás que nos recordará la célebre frase de Burke: “Quien no castiga el mal, ordena que se haga”. El hacer resplandecer el oro viejo y querido de la verdad, que lleva la luz, es la peor enemiga que pueda castigar a estos absolutistas de la muerte. Aquellos que juraron libertad e igualdad pero que solo siguen guardando en el cofre intangible de la selva a otros muchos secuestrados y a todo un país, Colombia, intentando por todos los medios rescatarlos.

Muertes y secuestros en Recuerdos del día de mañana.




Nota última:

Primo Levi “Si esto es un hombre”.

"26 de enero. Estamos solos, abandonados en un universo de muertos y larvas. El último rastro de civilización ha desaparecido de nuestro alrededor y de nuestro interior. La obra de bestialización emprendida por los alemanes triunfantes ha sido cumplida por los alemanes derrotados. Es hombre quien mata, es hombre quien sufre o comete una injusticia: no es hombre quien ha perdido toda decencia y comparte su lecho con un cadáver. Quien ha esperado que su vecino acabara de morir para quitarle un pedazo de pan puede ser inocente, pero está señalado, condenado, maldito" : Primo Levi “Si esto es un hombre”.

Nota última II:

Extracto de la carta de Ingrid Betancourt cuando estaba secuestrada en la selva:

Como te decía, la vida aquí no es vida, es un desperdicio lúgubre de tiempo. Vivo o sobrevivo en una hamaca tendida entre dos palos, cubierta con un mosquitero y con una carpa encima, que oficia de techo, con lo cual puedo pensar que tengo una casa.
Tengo una repisa donde pongo mi equipo, es decir, el morral con la ropa y la Biblia que es mi único lujo. Todo listo para salir corriendo.
Aquí nada es propio, nada dura, la incertidumbre y la precariedad son la única constante.” Ingrid Betancourt. Carta desde la selva del secuestro.


1 comentario:

JoRGE dijo...

En realidad es Betancourt, sin la "H"