Cuando comencé este blog todavía albergaba alguna duda sobre el papel de la religión, hoy todavía no las he retirado del todo aunque cada día dudo más. Poco a poco veo en la religión, las religiones, a ese analgésico terrible que ha permitido, amparado, dado cobertura y justificación a los mayores delitos, los mayores crímenes, los peores abusos y las más ubicuas violencias. Traigo la vida del sacerdote Jozef Tiso, político, presidente del gobierno y contribuyente al genocidio nazi en Eslovaquia. Su vida, su discurrir por la vida con el nombre de Dios en una mano y la sangre y el odio en la otra nos deja esa sombra terrible, que por desgracia no fue ni única, ni un caso aislado. Es posible predicar a Dios y la paz y, al tiempo, esparcir el odio, el dolor y la muerte. Hoy en día y tras el resultado del atentado en Mumbai y en cada día en Irak vemos que la violencia religiosa es la peor porque ni siquiera la muerte para a los causantes, es más, les augura un cielo dulce.
Las iglesias, las sinagogas, las mezquitas, los lugares donde se busca a Dios con el corazón abierto es también los lugares donde algunos albergan para convertir el odio en el fin de esa búsqueda: cada día lo vemos.
Infames en Recuerdos del día de mañana.
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