jueves, marzo 19, 2009

ETA en las calles y la esperanza

Sorprendidos vemos que ETA, y sus adláteres feos pero sonrientes, tienen un espacio en la sociedad vasca que no les corresponde. Esa “estadía” en la vida de los vascos es el primer pulso o paso de la opresión terrorista. La sensación de estar vigilado de que algunos, están ahí viendo quienes sonríen las caras de los pasquines de los terroristas y quienes hacen ascos a esos heraldos de la muerte, representa esa primera amenaza velada. El comprar el periódico, tal o cual, el vestirse, o el ir a tal o cual sitio, el colaborar o no con el mundo cerrado del terror nacionalista son hitos de esta estrategia de presión contra una parte de la sociedad vasca que puede que no contemple el País Vasco independiente y, que en el caso de que si lo pensase no considera la violencia como un medio para lograr ese fin.

En este caldo los nacionalistas hacen su guiso, generando estados de ánimo y de opinión, los medios, la universidad, las asociaciones, la economía para generar eso que se llama eufemísticamente “hacer nación” pero que no es otra cosa que acogotar y amedrentar a los que no piensan como ellos. De nada sirve decir que por el camino de la violencia no se puede llegar a la democracia jamás, por mucho que empleen ese vocablo griego cada dos por tres. El hecho es una idea monocorde y predefinida de sociedad y un argumentario variado de violencia latente para que quien se sienta disidente tenga necesariamente que marcharse o vivir en un exilio interior que recuerda al de la dictadura de Franco.

De nada ha servido la democracia, casi toda poblada por el PNV. Solo para construir este edificio nacionalista que bajo la estrategia de enaltecer y defender lo propio, al final se ha quedado en atacar todo lo que no sea como está definido en el universo del ideario nacionalista.

Por supuesto que el ser nacionalista no es ni debe estar penalizado, de ahí la duda sobre la ilegalización de la izquierda abertzale, ni tampoco considerarse epítome o metáfora plástica del terrorismo pero lo que es abyecto es que la concurrencia de caminos y de intereses entre los más violentos y el resto de los nacionalistas den una coincidencia sino de planteamientos si de posiciones puntuales que abundan en esta presión fascista de la sociedad vasca, paso a paso, día a día, golpe a golpe.

Por suerte, y por debilidad del conglomerado violento, vemos paulatinamente como las personas se atreven a decir no cada vez con menos sin miedo o aprensión a ser tachados de “españolistas”, a criticar a estos “liberadores de la patria” que generan muerte, pobreza, destrucción, atraso con su sueño maoísta.

Por eso es un halo de esperanza de la coalición, PSE-PSOE y PP que implique el cambio en el País Vasco tras las elecciones de marzo de 2009. Será la oportunidad de que se abandone este clientelismo y seguidismo por vagancia de los postulados del nacionalismo que se han considerado unos cimientos sacrosantos que, sin embargo, ni son sacros ni nunca han sido santos. En este pacto de estado, democrático frente a algunas actitudes absolutas del nacionalismo solo se puede obtener el aire necesario para desbaratar ese constructo terrible que desde el nacionalismo ha gobernado la vida del País Vasco, gobernado con la sombra de la violencia presentísima. Por eso esta ruptura, esta quiebra de este régimen peneuvista puede traer como corolario que la violencia y la presión sobre los diferentes no tienen ni pueden tener ninguna justificación, a pesar de la siempre estudiada distancia del PNV. También que se ha de luchar contra ella desde todos los ámbitos del sistema democrático de derecho y que quienes no quieren estar dentro del sistema de derecho, o quienes juegan en la medida frontera, habrán de elegir: o dentro o fuera. Ya empiezan a verse los primeros pasos: retirada de fotos de etarras de las calles.

Esperanzas nunca fáciles en Recuerdos del día de mañana.

Foto: http://www.20minutos.es/noticia/456540/0/muro/verguenza/mondragon/