Hace unos meses se despidió de la vida política, que no de la literaria, poética o cantarina, Jose Antonio Labordeta. Profesor, cantante, poeta, cantor, pregonero, mostrador de paisajes, televisivo, decidor de verdades pese a quien pese son alguna de sus facetas poliédricas. Una mente que con sus canciones y poesías, allá en los setenta, abrió el campo cuando España era un patio trasero de guardia civiles cejijuntos y orondos burgueses que pudieron ser militarotes en una guerra lejana o que solo fueron corruptores y corrompidos con calor y olor a mosca de muerto. Su caballo cuatralbo resonó retumbante por las tierras polvorientas de aquella España atrabiliaria y cenital.
Luego, posteriormente, recorrería en televisión la España menos conocida con una mochila y hablaría con las personas e, incluso, se metería en la política nacional para traer mucho sentido común y un hacer muy antiestablishment desde el nacionalismo entendible de la Chunta aragonesista.
Sin duda alguien que merece la pena seguir y leer porque, dice, cuenta, habla y canta y, también, tiene un comportamiento ético en estos tiempos de crisis de casi todo.
Cantores, poetas, andariegos, correveidiles. Recuerdos del día de mañana.
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