Hace pocos días viajaba en taxi hacia un destino cercano y profesional. Yo soy de aquellos que normalmente “pega la hebra” con el taxista por hacer un poco de tiempo, por enterarme como está el tráfico, por hablar sin más justificación.
Hablamos de la actualidad, los taxistas siempre son extremosos, de las declaraciones del papa Benedicto XVI sobre el Sida y los preservativos, sobre los católicos, sobre la religión y fue una conversación bastante interesante. Quizá radical, por parte del taxista, me sirvió para glosar como algunos que se definen ateos, el taxista así se definía, en realidad lo que atesoran es animadversión por su relación histórica, casi siempre infantil, con la iglesia católica. En resumen, unos veinte minutos de hablar por hablar que llenó un tiempo baldío y, a la vez, me dio algunos datos sobre como piensan otras personas, quizás de manera abrupta, puede que de manera muy primaria, pero siempre interesante aunque pudiera ser no compartida.
Al final, no se como, la digresión acabó en Israel y en el hablar el taxista enseñó una panoplia de argumentos antisemitas muy conocidos. Yo no entré en discutir el corazón del asunto, se acercaba el fin del trayecto, pero si pude constatar como la hostilidad y el antisemitismo histórico de los españoles se manifiesta en pequeños gestos que tomamos por comunes y aceptables. El mismo taxista que antes mostraba su opinión sobre moral, religión o iglesia con un criterio interesante aunque pudiera ser que no compartido, justificaba el acoso histórico de los judíos, no hablamos específicamente del holocausto, defendía a capa y espada a los palestinos por encima de cualquier consideración y, al final, acababa el trayecto retórico y físico hasta el destino con una frase lapidaria: “a lo largo de la historia muchos pueblos han odiado a los judíos, por algo será”.
Pagué, me bajé del taxi deseándole un buen día y me quedé pensando, mientras me dirigía a una reunión, sobre ese pensamiento tan español y tan atávico del prejuicio frente a los judíos. En un país donde no hay judíos y donde históricamente se les ha tratado mal, sste sentir antiguo y sesgado se da en muchas personas, la mayoría de los españoles, que probablemente no han visto nunca un judío, por supuesto nunca a un judío ortodoxo, y si lo han visto ha sido tan “igual” a cualquier otra persona que el camuflaje no les ha permitido distinguirlo. Sin embargo este sentido y sentimiento generalizado si se hace odioso y hostil para los judíos que viven en España que muchas veces optan por “esconder” sus apellidos judíos o signos o símbolos de su cultura o religión por evitar incidentes o miradas curiosas y desconsideradas.
Quizás el sostenimiento y, quizás repunte del sustrato antijudío de estas actitudes se basen en la tradición histórica incluso reciente, recordemos aquellas tan franquistas y enemigas hordas judeomasónicas, y la presión, diaria y constante, de los medios contrarios al estado de Israel y sus ciudadanos. Todo ello sorprende: Sorprende por lo bloqueante, sorprende por lo poco justo, sorprende por aplicar criterios diferentes a los que se aplican en el tratamiento del terrorismo, del derecho a vivir, y a vivir en paz, al futuro y a la historia.
Bajé del taxi y me quedé pensando. Puede que por eso mismo, porque no vivo esa irrealidad de negación y de prejuicio y me llamo “amigo del estado de Israel” cuando, en realidad, solo intento ser objetivo en un hecho en el que casi nadie es objetivo pero, lo que es peor, no tendrían porque no serlo.
“..el 46 por ciento de los españoles admitieron que tienen una ”opinión desfavorable” de los judíos”. Vía La Razón.
“Más de la mitad de los encuestados [jóvenes españoles en edad de estudio] no compartiría tareas con un judío”. Vía El País.
Pensamientos en un taxi en Recuerdos del día de mañana.
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Imagen: Foto del sello conmemorativo de los veinte años de relaciones diplomáticas entre España y el estado de Israel: http://geografosubjetivo.files.wordpress.com/2009/02/sello-relaciones-israel.jpg
Nota última: De lo que aquí hablo no tiene que ver ni con el sionismo, ni con la religión, solo con una percepción negativa y terrible de un grupo de personas por parte de una mayoría de los españoles
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