En estos días se cumple el setenta y cinco aniversario de los delincuentes Bonnie Parker y Clyde Barrow, una historia de amor, locura y crimen que acabó con la muerte de ambos, jóvenes, y, quizás quemando una vida demasiado rápido en una sociedad que salía de una crisis económica terrrible que creaba a nivel nacional de EEUU Robin Hoods y Romeos y Julietas en delincuentes ociosos.
Para mi por encima de la vida delincuencial y libre, luego superada por cien delincuentes más locos, más sangrientos, más libres e igual de muertos, está el componente de amor de ambos, amor que se demostraba en el crimen y, también la huida de una sociedad a la que a lo peor no estaban convidados a merendar o, puede también, a la que no quisieron acudir de manera borreguil y dogmática. Si fueron o no asesinos convencidos, si Bonnie empuñó una pistola o no, si realmente eran los ladrones redentores que la prensa, necesitada siempre de noticias, creó no lo sabemos, lo único que sabemos es que pasaron a una historia a la que pocos están llamados.
Bonnie & Clyde no son los individuos que aparecen en la carátula de este artículo sino la versión cinematográfica de 1967 realizada para el lucimiento del “vain” Warren Beatty y de una bellísima y enigmática Faye Dunaway. Nunca otros crímenes fueron como esos, nunca otros amores vivieron más de pistolas y persecuciones, nunca una muerte se acercó a más velocidad.
Criminales y crímenes exquisitos en Recuerdos del día de mañana.
Imagen: http://es.wikipedia.org/wiki/Archivo:Bonnieclyde_f.jpg
Imagen: http://aikun.files.wordpress.com/2009/04/bonnie_clyde.jpg
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