lunes, junio 22, 2009

Irán y la revolución verde

Hace no mucho comentaba la película Persépolis de Marjani Satrapi, retrato en dibujos animados de una joven de Teherán desde los tiempos de la revolución islámica, el exilio posterior y la sensación de asfixia actual. Esta es la forma que sienten y viven muchos jóvenes, hijos de la revolución, en Irán.

En estos días vemos como esos jóvenes anhelantes de un futuro no tan ligado a la religión y al control mental se muestran en las calles ante el más que posible pucherazo electoral de Mahmud Ahmadinayed frente al reformista, aunque también dentro del “sistema”, Mir-Hosein Musavi. La revisión del recuento de las elecciones presidenciales de parte de los votos por parte del consejo de guardianes, designado al 50% por el lider supremo Ali Jamenei y Ahmadinayed, por no asegura la adecuada independencia y limpieza requerida.

La situación se recrudece y muestra como Irán en su camino de radicalidad necesita que el presidente siga siendo un radical fundamentalista: Ahmadinayed. Y esta radicalidad es precisa para asegurar la pervivencia de la revolución y su política belicista de enfrentamiento y de búsqueda indisimulada de la bomba atómica, para acallar “mani militari” a todos aquellos que se quejan, para evitar que llegue un moderado, como lo es Muhammad Jatami que desbarate este modo de hacer. Es punto por punto y coma por coma lo que ha copiado el régimen de Pyongyang para sostenerse en un país donde ni los propios ciudadanos, ni la opinión pública internacional les apoya.

En las calles una revolución verde, también llamada "del polvo" y joven toma posiciones mientras el enrevesado y controlado sistema político iraní, todo en manos de Alí Jamenei, parece buscar tiempo para hacer que la represión surta su efecto y la política vuelva a ser cosa suya. No olvidemos que a los regímenes con fuertes indicaciones autoritarias les gusta la ceremonia eyaculatoria del voto aunque algo menos que los ciudadanos se quejen del resultado.

Algunos analistas defienden que las manifestaciones y quejas no son más que reflejo de las tensiones desde dentro del propio régimen, reformistas, frente a conservadores, los políticos frente a los que provienen del ejército, etc que alimentan parte de este desencuentro vestido de político. Pero, sin embargo, las críticas y manifestaciones parecen tambalear un sistema que no tiene nada de democrático. Algún otro analista sostiene que la resistencia en las calles a la reelección de Ahmadinayed no es más que una injerencia de occidente en Irán.

Tarde o temprano esta resistencia al radicalismo que aboca al país a la exclusión internacional, al ostracismo y a ser lugar de amparo y financiación de terroristas, Hezbollah, Hamás y otros grupúsculos más desde Irak a Pakistán, logrará el cambio de gobierno. Lo que no sabemos todavía es si será mediante una guerra civil o, también, lograrán la bomba atómica y el subsiguiente y casi evidente ataque de Israel y la subsiguiente guerra les salvará de un cambio interno cantado, como ocurrió con la guerra contra Irak. El futuro es oscuro.

Internet y más específicamente Twitter nos está informando cada instante de lo que ocurre, de las imágenes de lo que pasa a pesar de la intención del gobierno iraní de hacer este movimiento silente y callado, para luego convertirlo en un segundo Tiananmen.

Desde todo el mundo miramos a Persia intentando vislumbrar un futuro de tensiones políticas en un país aislado y auspiciador del terror internacional chií y catalizador del sunní, en un país que nada sobre petróleo, en una futura potencia nuclear y pensamos: Demasiada complejidad para ser resuelto de manera sencilla aunque Barack Obama les haya tendido la mano. Quizás algo así debieron sentir en 1939 los líderes mundiales frente a la amenaza, todavía no cristalizada, de un Hitler funesto.

Irán estrave del terror en Recuerdos del día de mañana.

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