“La nómina de los 547 altos cargos del Estado crece un 5,1%, el triple que la inflación”. Vía Cotizalia.
Vivimos una crisis galopante que todavía no ha tocado el suelo, aunque los números de desempleados nos ponen en el peor escenario posible. Los dispendios públicos de hace unos años ahora se tornan imposibles y el mero hecho de que algunos cargos públicos hagan mal uso o, incluso, aprovechen de su situación para degustar el lujo asiático a costa del contribuyente resulta insultante.
Los dispendios públicos se demuestran de muchas maneras, la primera es la gestión irresponsable que busca el gasto por el gasto y, también, el gasto por el beneficiar al cercano. También está en el aumento de la “clase burócrata” ya sea haciendo crecer el número de cargos públicos o la pléyade de asesores, consejeros y corifeos que alimentan los favores pasados o evitan descalabros para quienes no pudieron llegar al olimpo del cargo público. Son todos aquellos que llamaban, se hacían los encontradizos y sonreían preguntando “¿Que hay de lo mío?”. Esto es lo suyo cobrar mucho por hacer poquísimo y, además, fuera de la línea de fuego del control y vigilancia diaria a la que están sujetos los funcionarios.
“Más de 1.200 cargos autonómicos utilizan coche oficial con chófer”. Vía El Mundo.
Una tercera forma de gasto insostenible es aprovecharse, tomar ventaja de lo que el cargo da o puede dar: coches estupendos, comidas y cenas pantagruélicas, viajes de Marco Polo, dietas y gastos de libre disposición. El propio salario, en muchas veces fijado por los propios interesados y que tiende al infinito más lejano mientras se pide para los demás una “responsabilidad y contención” que ellos mismos, y muchas veces con multiplicado ingresos, no tienen.
Y otra parte son los gastos a justificar/ intervenir que, sin embargo, se toman con una ligereza que no es igual en otros lugares, por ejemplo en Inglaterra donde ha ocasionado un escándalo mayúsculo por los gastos justificados e injustificables. No cuento si, además, y por encima de la incompatibilidad legal tienen algún otro trabajete o dedicación que le da rendimientos a veces a la frontera, sino cruzada, del conflicto de intereses.
Y como coda si por la gestión o por el devenir del destino resulta que algún cargo ha de abandonar el puesto hacia al que que tanto trepó que nadie se escandalice, muchas de las prevendas se extienden en el tiempo.
No siquiera quiero hablar cuando se desea redondear el salario con alguna “recalificación” por el procedimiento de urgencia, una dádiva intempestiva pero nunca extemporánea y algún que otro “enjuague” a costa de lo público que se realiza "mirando al tendido".
Los ciudadanos no detectamos fácilmente la generación de esas estructuras ingentes al servicio de los partidos, que también pagamos. Se nos oculta ese gastar por gastar, que beneficia a los cercanos, y que se nos disfraza de mejora y avance. Sin embargo se ven, se miran y ofenden esos gastos de marajá, ese emplear lo público de manera dispendiosa, ese gusto por el lujo y “la moqueta” cuando se predica lo contrario, y tanto más en estos tiempos.
Hace no mucho salió a relucir que las comunidades autónomas en España tienen hasta mil doscientos coches oficiales que sumados a los mil cien que tiene el estado hace la friolera de un ejército de tres mil trescientos coches oficiales, chóferes, etcétera. Coches de alta gama, preparados “full equipe” y con lujo para el uso y disfrute del carguito y su familia. Entiéndase, ir a hacer la compra, llevar al niño al colegio o pasear al perro.
Políticos que quieren que su coche oficial sea digno del Shah de Persia, que emplean el “avioncito” para llegar a donde tienen que llegar independientemente del “para qué” y mientras tanto, la administración pública hace sus pagos cada vez más tarde, el pago de esos mismos coches, ahogando y asesinando a muchas pequeñas empresas y autónomos. En parte por negligencia, en parte por pertinaz y maquiavélica oportunidad.
Hoy, hablo de crisis y preelecciónes, surgen de aquí y de allá iniciativas para reducir todo este boato del aparato gastón sin embargo lo primero que hace el político es subirse el sueldo y asegurarse un emolumento suficiente para vivir (cinco o seis familias) sin vergüenza por las comparaciones y sin prurito por el “que dirán”.
Esto es solo una cara del asunto, tras el cargo público, la visibilidad de este y los gastos en estolas y armiños a costa de todos está la posibilidad del negociete, el propio, el vergonzante, el del regalo o el sobre o, quizás, el negocio para el partido, quizás apoyando aquí, quizás donando de manera altruista allá, quizás buscando en los enjuagues entre particulares el aprovechamiento, beneficio y abuso de lo común. Esa es otra parte pero que fuera del juego, el de las elecciones, los intereses, el de los vaguetes metidos a políticos.
Políticos, administradores de lo propio como si fuera suyo. Recuerdos del día de mañana.
Imagen: http://www.autocity.com/pruebas/Lexus/LS/460/06-2007/img/lujosisimo_0.jpgSueldos de los diputados: http://estaticos.20minutos.es/img/2008/11/24/898613.jpg
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