miércoles, julio 08, 2009

El vaquilla, El torete, El Jaro. Delincuentes de aquel entonces

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Macarra de ceñido pantalón
Pandillero tatuado y suburbial,
Hijo de la derrota y el alcohol,
Sobrino del dolor,
Primo hermano de la necesidad.”

Que demasiao. Joaquín Sabina.

Yo fui un niño en los finales de los años setenta y principio de los ochenta. Años de dictadura finiquitada pero de larga sombra, con intento de golpe de estado incluido. Drogas en las calles, delincuencia, efervescencia política, terrorismo de plomo caliente, cambios, Malvinas, Punk, novedades, cercanías, EGBs y una inocencia infantil que iba desapareciendo junto con la inocencia “social” heredada de una dictadura “santa” que a fuerza de proteger la moral habia infantilizado a la población.

En aquellos días de comienzo, la respiración estaba en la libertad y el abuso de ésta. La una creciente delincuencia tomó lugar en las calles, violencia, drogas, temor o pulsión a la reacción, crisis y falta de futuro. En los cines un nuevo estilo de cine, el cine quinqui, que reflejaba el aspecto más delincuencial y nihilista de la vida tomó lugar de la mano de Carlos Saura y, más, de Eloy de la Iglesia, luego, de alguna manera, engullido por esa dinámica turbulenta y voraz.

En aquellos años esos delincuentes sospechados fueron antihéroes. Muchachos del rumor, la emigración lejana y del calor del tiempo que acabaron sus días como cabo de vela en apenas segundos. Recuerdo a “El Jaro", al actor José Luis Manzano, “El Pirri", “El Vaquilla”, Dieguito “El malo”, “El Torete”, “El Pera”, y otros muchos que en la mayoría se quemaron en ese despertar de todos y murieron agotados en persecuciones en el extremo de una aguja o en el desgaste perpetuo de la droga o en la aniquiladora realidad de hormigón de una prisión. Una vida corta vivida a toda velocidad que sin embargo llegó a cansarles.

Unas vidas que fueron glosadas por esa “lumpen rumba” que cantaba a la delincuencia, la cárcel y las drogas y que fue banda sonora de una parte de la sociedad en aquellos tiempos lejanos pero presentes frente a una sociedad bienpensante y aburguesada a golpes de riñones de aquella dictadura lejanísima pero que acabó apenas cinco años antes.

Esos tiempos han pasado, ahora los delincuentes y los drogadictos no tienen aquel efluvio de despertar, puede que ni aquellos lo tuvieran y solo fuera el despertar fresco de una mañana de verano en democracia y una infancia que empezaba a terminar y a darse cuenta del inicio de esta película que es vivir. Ahora solo queda lo que antaño también fue, aunque disfrazado, la muerte y la falta de futuro e historias de pasado, pasado y muerte. En estos días una exposición en Barcelona recoge la idea de esos tiempos, de carreras y dinero rápido pero también de muerte al alcance de la mano.

Pasados, delincuencias, cárceles, vidas y muertes. Recuerdos del día de mañana.

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