domingo, julio 19, 2009

Trilogía Millenium

Acabo de terminar de leer el segundo de los libros de Stieg Larsson, el primero “Los hombres que no amaban a las mujeres, El segundo La chica que soñaba con una cerilla y un bidón de gasolina me han parecido buenos. Por encima de la media de una literatura negra, policiaca o detectivesca, llámese como se quiera, que en muchas ocasiones solo tiene intriga, “cliff hanger” y poca calidad literaria “per se”. Aunque estoy a falta de leer el tercer libro “La reina en el palacio de las corriente de aire”, para dar un tiempo a la necesaria digestión y metabolización literaria, en general puedo decir que merece la pena y casi nos aleja de la literatura pulp y serie B de muchas de esas novelas de éxito que se venden por doquier, los bestsellers hechos para vender, y nos acerca a la literatura “seria” que es más que mero pasatiempo.

Personajes trabajados, aunque a veces un poco cliché, escenarios definidos, sensaciones y situaciones y una trepidación en la acción que engancha sin hacernos adictos a la endorfina falsaria de otros “más vendidos”.

Los libros que he leído, los dos primeros, son sorprendentemente paralelos en su desarrollo casi simétricos. El primero sirve de presentación a la pareja protagonista: Michael “Kalle” Blonqkvist y Lisbeth Salander. El primero periodista de investigación en la revista “Milenium”, la segunda inadaptada social, hacker, bisexual y torturada protagonista y hallazgo de la serie. La investigación de la familia Vanger y la desaparición de Harriet Vanger y los turbios, y enrevesados, asuntos relacionado con el tráfico de mujeres, en el primer y segundo libro, glosan la relación entre las personas, los personajes con Suecia y el pensamiento “escandinavo” de perfección con sombras en el fondo. El segundo, con más trama, algo más turbio y más complejo nos desvela el porqué de Lisbeth Salander.

Los héroes, Blonkvist y Salander a veces parecen una pareja de héroes al estilo Superman. Lisbeth como una superwoman de apariencia frágil y pequeña y Blonquist como un talentoso periodista al estilo Lois Lane.

Pero si he de remarcar algo de los libros leídos es el personaje de Lisbeth Salander, Némesis del su mal más cercano, Edmundo Dantés, concienciada feminista de terrible pasado y ética discutible pero, en los tiempos que corren, absoluta y mantenida.

Una vez que termine de leer el tercer libro negro de la trilogía, el que la cierra, probablemente no volvamos a hablar ni a oír de estos personajes, de estas tramas, de estos libros con las quinientas páginas necesarias para ser un más vendido. Stieg Larsson murió, a los cincuenta años, antes de ver publicado el primero de los libros por lo que salvo cambio de autor para seguir explotando la gallina de los huevos de oro, cuando acabe el libro será el canto del cisne de la enigmática Lisbeth Salander.

Puestos a encontrar algún punto débil está en los malos, arquetípicos, de cliché. Cuando era pequeño siempre veía a los malos como unos conjurados terribles, solos o en organizaciones siniestras que se confabulaban contra el bien universal, sin embargo según me he ido haciendo mayor y, en esta ensalada de relativismo ético que vivimos, que el mal supremo no es el diablo o el demonio sino esa absurda y putrefacta necesidad del bien propio “a toda costa”. Ese beneficiarse sin considerar a quien se perjudica, esa ética sin moral es la base de todo el mal. En este punto los malos de los libros de Stieg Larsson acaban desembocando en un loco terrible e injustificado, en un revuelto mental que justifica los más abyectos y terribles actos. Eso me convence poco aunque ¿Quien ha dicho que la literatura haya de ser un calco aburrido de la realidad?

Otro “truco” que a veces me ha parecido simplista en las novelas es la solución de un nudo grande con soluciones que de simple parece poco probable que la policía, los investigadores e, incluso, alguien que pase por ahí no caiga. Esta solución “a lo Agatha Christie” es muy del gusto de los lectores de novela negra que se pirran por tramas complejísimas, misterios de “cuartos cerrados”, imposibilidades y evidencias que al final y a la postre pone al escritor casi en un callejón sin salida para poder resolver el embrollo. Sin embargo desde un punto de vista literario esconde un truco falaz que traiciona, muy levemente ese trato entre el escritor “que miente”, y el lector que “toma por verdad lo que sabe que es mentira”.

Aún con estos peros y a falta del tercer libro, es una serie muy grata de leer, de momentos importantes, de cierto relieve de personajes más allá de la rapidez de la trama y con descripciones psicológicas. Quizás de los mejores que he leído de la “Nueva” literatura negra de origen escandinavo.

Literaturas, libros, pensamientos, crímenes en Recuerdos del día de mañana.

Página de Stieg Larsson en español: http://www.stieglarsson.es/

Imágenes: http://imaginarlaciencia.files.wordpress.com/2008/12/hombres.jpg

Imagenes: http://www.aulamatematica.com/libros/lib_rec/chica_bidon.jpg

1 comentarios:

ENCARNIRONIA dijo...

Estoy de acuerdo contigo, acabo de terminar el segundo de la trilogia, y me ha parecido de lo mejor en novela negra, los recomiendo sinceramente, un saludo