Las cloacas del estado de vez en cuando se destapan y nos dejan ver, pero sobre todo oler, su pútrido efecto. Todos sospechamos, entendemos, queremos creer que esos absolutos desconocimientos atienden al bien común pero, la verdad, es que el fantasma del Leviathan se levanta sobre todos nosotros.El asunto del que hablo, en particular en este momento, es la presunta, más que presunta, connivencia entre un inspector de policía y un colaborador terrorista, el dueño del bar Faisán, de Irún que era el enlace y conexión para el pago del impuesto revolucionario de ETA. La situación es ésta, ante una más que inminente detención con las manos en la masa, el juez, Grande Marlaska, ya acudía al bar para establecer las acciones de detención e investigación, el imputado Joseba Imanol Elosúa fue alertado por el susodicho inspector de policía, luego ascendido, para que se diera el "queo"y desapareciera. Detrás el escenario de la ronda de conversaciones con ETA que finalizó de manera abrupta con la bomba en el terminal cuatro de Barajas que plasmaba la durísima pugna interior en ETA entre los seguidores de Txeroki y de Thierry.y que ha agostado las posibilidades políticas de su entorno.
El pensamiento se dirige en varios frentes: el primero es, ¿la conversación con un grupo terrorista implica la disminución de la presión policial, legal y de la justicia?. Es evidente que el hecho de hablar e intentar llegar a acuerdos con delincuentes ya implica, per se, sino un delito, no soy especialista, si una situación alegal. En este particular me ha posicionado en varias ocasiones a favor de este diálogo pero los fracasos repetidos, sólo sirven para rearmar física e ideológicamente a los terroristas, así como el éxito de la política de lucha directa y sin fisuras contra el terror me ha hecho replantearme el asunto. Aún así, si la victoria del estado de derecho y la democracia se producen, esto es la desmembración de ETA; necesariamente habrá en algún momento un diálogo. Pero volviendo al asunto, ¿Es posible iniciar una conversación con un grupo terrorista?, ¿Es posible comenzar estas reuniones sin una dejación, al menos temporal, de la obligación de persecución al delincuente?
El segundo pensamiento que me llega es el de esos personajes que viven entre el terror y la justicia, entre el derecho y la pistola siendo los viáticos necesarios para llegar a un mundo u a otro, como este individuo, patrón del Bar Faisán, como el ex etarra Kinito, como otros muchos que en la frontera entre ambos mundos hacen su vida y, probablemente su negocio.El tercero y, quizás, el mas negro, es, con el chivatazo del inspector de policía al recaudador de ETA. ¿Cuanto dinero se salvó para la organización?, ¿Cuantas pistolas, pisos francos, municiones, formación fue cubierta con ese presupuesto?, y la pregunta última y peor, ¿Cuantos de los atentados, muertos, destrozos fueron causados por ese dinero que se tuvo al alcance de la mano y por un criterio de oportunidad política no se quiso agarrar?.
El último es, ¿Hasta donde han de llegar las catacumbas o cloacas del estado, hasta que punto han de estar por encima de las leyes, la justicia y el derecho? y, una vez aclarado esto, ¿Hasta donde un gobierno democrático tiene que auspiciar y cubrir estos hechos aún con la "buena voluntad" de sentar las bases para la desaparición de ETA?, ¿Cuanto más nos quedamos desamparados los ciudadanos con estos manejos oscuros a nuestras espaldas?. ¿Debería esto costar la cabeza de alguien o, simplemente, ser un nuevo número en la descortés y perenne guerra de barricadas entre el gobierno y la oposición?
Terroristas, equidistantes, gobiernos y dineros en Recuerdos del día de mañana.
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