La justicia es en muchos lugares del mundo vaga, torpe, perversa, con servidumbres más evidentes que las que existen en el “occidente civilizado” en el que tanto nos gusta estar y tanto más volver cuando vamos a otro sitio. En esos lugares la pena de muerte, la discrecionalidad, la corrupción, la falta de garantías jurídicas y procesales o, simplemente, la instrumentalización de la justicia hace que muchos inocentes acaben en cárceles infectas y terribles."Hay 2.039 españoles presos en 60 países, El 80% cumple condena por tráfico de drogas". Vía 20 minutos.
Por otro lado muchos europeos y norteamericanos van a dar a esas cárceles por delitos evidentes, incívicos, como son, fundamentalmente los derivados del tráfico de drogas o, incluso delitos más comunes como el robo o insluco el asesinato. En ese punto y lugar los ciudadanos occidentales, muchos de ellos inocentes y otro porcentaje de ellos no desdeñable culpables, piden que las penas o bien se puedan cumplir en las cárceles del dulce occidente o bien sean conmutada por un “algo” que siempre tiende a cero. Es lo que relataba la película el expreso de medianoche, la malvada y terrible realidad de las cárceles turcas para un, no lo olvidemos, traficante de drogas del bello occidente.
En estos días un español, Larrañaga, cumplirá parte de su pena por asesinato, del cual siempre se ha declarado inocente, en España tras una gestión en la que el gobierno de España conmoviendo voluntades y, seguramente, moviendo influencias: el resultado es que la justicia, buena, mala o peor de Filipinas será menoscabada y asaltada por el poderoso país occidental. Otro español, Pablo Ibar, éste en el corredor de la muerte por un asesinato en EEUU, intenta salvar la vida y cumplir la pena, en España intentando esquivar esa la condena mortal en el cogote por una cárcel que puede que sea mínima.
Abominamos de esas penas terribles en condiciones del Penal de If y de esos castigos irreversibles, al tiempo de esas justicias influenciables, compradas, terribles, sesgadas pero, nos guardamos la carta de emplearla en beneficio propio, de eludir una pena diciendo que es injusta, que no hay garantías. Muchas veces es así pero otras no tanto y la influencia y gestión agradecible del gobierno y diplomacia española alimenta, de nuevo, la espiral de la justicia sesgada, dirigible, traficable.
No quiero decir que Larrañaga e Ibar deban morir o pudrirse en una cárcel solo critico la doble moral de la conciencia europea que delinque en un lugar y no acepta sus leyes, que llama retrasados o bárbaros a otros pueblos y luego trafica con las influencias en las suaves moquetas de las delegaciones, embajadas y ministerios.
Justicias, ciegas, justicias tuertas, justicias "vivas" en Recuerdos del día de mañana.
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