En estos días se cumplen cuarenta años del comienzo de emisiones de Barrio Sésamo, Sesame Street. Un programa infantil que abrió los ojos a los niños de aquellos tiempos, yo mismo, y nos enseñó con Epi, Blas, la gallina caponata, Triki "el monstruo de las galletas", Coco, Gustavo, etcétera, una sociedad que amanecería novísima a partir de aquellos años, acelerándose cada vez más hasta el bólido del zeitgeist actual. En España, como en el resto de los ciento veinte países donde se emitieron versiones, se mezcló con elementos propios como fueron el erizo Espinete, Don Pimpón, Chema el panadero, etc, que hacían esa realidad más cercana.Era una sociedad multicultural y multirracial, como la norteamericana, donde cada uno era diferente por individual con simple vocación de que lo distinto era necesariamente complementario y enriquecedor. Una sociedad urbana donde el bucolismo de los campos abiertos y las montañas, como aparecía en el ideario de lo óptimo para los niños, era solo, y a veces ni eso, un sueño de fin de semana. Barrio Sésamo nos trató, a los niños de entonces, como personas, no como a adultos tontos, pero personas que necesitaban conocer, necesitaban experiencia y querían saber, sobre lo que es arriba o abajo, lo que es un número, lo que es la solidaridad o el entregarse sin dejarnos caer en las maldiciones y tremendos anatemas de los cuentos tradicionales para niños.
Por si eso fuera poco, además, desdeñaba el feísmo o el miedo como un argumento básico, quizás por eso el drácula era más risible que amenazante y por eso los monstruos eran simplemente niños traviesos. También creó en mi un amor perenne por ese teatro, seminal de una literatura, que todavía hoy se manifiesta como representación íntima de la vida, jugando con ella y haciéndome preguntar sobre ella. En este último punto cabe darle, también, el mérito a mis inefables "Payasos de la tele" e incluso a "La bola de cristal", ya un poco más mayorcito. Su heredero los teleñecos, "The muppets", fueron una versión no tan infantil pero igualmente adorable del fenómeno de las marionetas de Jim Henson.
Por si eso fuera poco, además, desdeñaba el feísmo o el miedo como un argumento básico, quizás por eso el drácula era más risible que amenazante y por eso los monstruos eran simplemente niños traviesos. También creó en mi un amor perenne por ese teatro, seminal de una literatura, que todavía hoy se manifiesta como representación íntima de la vida, jugando con ella y haciéndome preguntar sobre ella. En este último punto cabe darle, también, el mérito a mis inefables "Payasos de la tele" e incluso a "La bola de cristal", ya un poco más mayorcito. Su heredero los teleñecos, "The muppets", fueron una versión no tan infantil pero igualmente adorable del fenómeno de las marionetas de Jim Henson.
Recuerdo Barrio Sésamo en aquellos años setenta de mi infancia con gusto y con nostalgia activa. Creo en esa televisión educativa que de manera sutil fue tan positiva y educativa que debería continuar, al menos, para permitirme educar a mis hijos. Unos niños, que como todos nosotros, viven una sociedad amenazada, tomada por el miedo, por las diferencias creadas a golpe de prejuicio. Pero que a pesar de todo esto, que supongo que tanbien sentirían mis padres, entonces cuarentones casi como yo, en los convulsos años setenta y ochenta. no hacían diferentes a los niños muy diferentes a lo que siguien siendo: niños.Unos niños que siguen siendo. Recuerdos del día de mañana.
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1 comentarios:
Yo aprendí inglés escuchando y mirando al Barrrio Sesamo, lo miré desde Quebec. Me encantaba. Era uno de mis programas preferidos, y las marionetas siempre me han encantado, no se porque. He guardado el lado inocente y disfruto como si tuviese 5 años. Para mí Barrio Sesamo es uno de los mejores programas para niños, divertido y educativo. Gracias por tu post, que le da homenaje.
un abrazo,
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