jueves, noviembre 26, 2009

El cambio de era

Queda menos de un mes para entrar en el año que hará el que inaugure la quinta década de mi vida, esto es, cumplo cuarenta años y en medio de la vorágine pienso, o al menos lo intento. Este blog es realmente una historiografía más o menos acertada de mi pensamiento durante este tiempo.
Y pienso, y pienso sobre el tiempo, o mejor dicho, de la historia. La vida es una sucesión de hechos aparentemente sin conexión o con una relación que es tan inmediata que no parece tener importancia o tan sutil que se nos escapa. Luego, después, es cuando la red del tiempo se teje y cada cosa tiene su lugar, su situación y su conexión dando un mundo paralelepipédico y poliédrico donde cada uno somos cada cual en cada tiempo.
En este bagaje mío por este mundo de iras y alegrías, espantos y ruinas he extraido algunos corolarios, todavía no sintagmas completos de pensamiento. Uno de ellos es el anteriormente expresado y otro es que la capacidad reconocer la historia solo se da cuando ya se pertenece de cierta forma a ella. Esto es, cuando se ha vivido al menos lo suficiente como para conocer algo la historia, de los hombres, del lugar donde se está, los hechos que han cambiado o evolucionado hasta marcar tendencia. En ese punto estoy.
También hay otro hecho que marca ese punto, es el de ver desaparecer a los protagonistas, los referentes, los hitos, personas, situaciones, circunstancias que han marcado el tiempo. Ese es el punto de empezar a pertenecer a la historia, de comenzar a reconocer el pasado, de saber que el metrónomo terrible del tiempo pasa y que como pasa lo que veo discurrir por delante de mis ojos un día pasaré yo, el hombre eterno encadenado a su tiempo, para dejar lugar a otros.
El cambio eterno del tiempo, que en la infancia y adolescencia, por falta de conocimiento y de experiencia parece que no existe sino que es un bloque congelado de circunstancias se muestra levemente sobre la juventud y solo cuando empieza la madurez, en ese punto creo que me encuentro, es cuando se aprecia lo falso de ese pensar. El tiempo vuela, acude como aves al verano eterno del fin de los tiempos. Las eras cambian en un paisaje barroquísimo donde cada dato, cada circunstancias se une al resto en una confusión levemente ordenada con un fin que, sinceramente, es inmanentemente ignaro.
Este es una nota de comienzo de aceptación de este hecho quizás el único positivo del paso del tiempo donde el comienzo del deterioro físico comienza a manifestarse, donde el don melifluo de la juventud desaparece y donde la consideración del resto, de los otros, del "infierno ilustrado" del resto de la humanidad con la que nos chocacmos a cada momento, nos devuelve el ridículo y la pena de alguien fuera de edad que hace algo impropio, así de cruel es la vida, apenas hemos tenido tiempo para hacer algo cuando ya empieza a ser inadecuado que lo hagamos.
Me hago mayor, me hago más sabio, no se si más listo y miro el futuro con una certeza infame: el tiempo de la clepsidra se agota, se acaba, llega a su final y he de aprovecharlo, pero con la tranquilidad que dan los gestos medidos y conocidos y no los nerviosismos de quien tiene todo el tiempo del mundo, por que es jóven, pero también toda la inexperiencia del mundo, que le obliga puramente a errar.
Estoy en el comienzo de la segunda era de mi vida. Recuerdos del día de mañana.
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Imagen: http://www.3planesoft.com/img/clock_screen03.jpg

3 comentarios:

unjubilado dijo...

Cuarenta? Te regalo alguno.
"Donde el comienzo del deterioro físico comienza a manifestarse"
Pues imagina.
Felicidades anticipadas, que cumplas muchos y que yo pueda ver unos cuantos.
Saludos

Goathemala dijo...

Te llevo unos pocos años más. Es cierto, el tiempo de la clepsidra expira. Es hora de aprovecharlo y no me cabe duda, amigo, de que sabes hacerlo. Basta con ver tu blog.

Un abrazo.

bonhamled dijo...

Ojalá supiera.