lunes, noviembre 30, 2009

El estatuto de Cataluña y de la discordia

Leo desde hace años acerca de la modificación del estatuto de Cataluña y se me presentan incertidumbres, temblonas inseguridades que ni el tiempo ni los protagonistas disipan. Por un lado el estatuto de Cataluña parece dinamitar el “café para todos” de Suárez que en 1979 que, a su vez, significó un cierto opacamiento de las ínfulas nacionalistas de gallegos, vascos y catalanes pero, al tiempo, un lugar de encuentro que fue el final y el inicio de aquel espíritu de la transición. Un espíritu hace mucho rebasado y obliterado por utilizaciones torticeras y traiciones de unos y otros. El estado de las autonomías ya en aquellos tiempos no gustó, a los más nacionalistas de cada lado y a los ultras españoles, y todavía hoy parece que ese constructo que devora millones de los ciudadanos en administraciones redundantes, es solo un baldón para aquellas naciones siempre con pretensiones de convertirse en países.

El nuevo estatuto de Cataluña parece agotar, sino superar, la constitución española. Tiene unas características constituyentes seminales o iniciáticas. Siembra una separación de facto entre los catalanes y el resto de ciudadanos, excepto vascos y navarros con fueros particulares, y rompe en pedazos o al menos amenaza seriamente el concepto básico de solidaridad entre regiones y, también, de supervisión de los intereses autonómicos por parte del parlamento del estado.

La resolución del Tribunal constitucional sobre su adecuación a la constitución por los recursos presentados fundamentalmente por el PP, está presionada por medios en un reciente editorial conjunto de los periódicos catalanes con el aplauso casi unánime de la sociedad catalana e introduce algún medio más de duda en mi ser. El editorial hace mención al largo plazo de resolución de los recursos, equipara al tribunal constitución con una cuarta cámara legislativa, tras el propio parlamento catalán y las cámaras alta y baja del estado, y se pregunta sobre la posibilidad de cambiar lo elegido por los ciudadanos, con sus representantes y en el referendum consultivo por la edición de la alta instancia judicial. También aparecen las reticencias sobre el concepto de nación o sobre ese anticatalanismo o, también de esa forma de ser español sin verterse en la realidad carpetovetónica mesetaria también adornan ese editorial, que en realidad, habla más de la dignidad catalana, como así se llama, frente a los manejos políticos de dilación o negociación alrededor del Estatut que de la oportunidad o inoportunidad, de la necesidad o no necesidad de la modificación del Estatut. En general el artículo está bien construido y busca retóricamente una resolución de una situación “catch 22” acerca del Estatut pero lo que editorial no indica es que la resolución positiva o negativa abrirá una caja de los truenos en el malabarismo de las regiones en España y eso, quizás, es el corazón de todo este asunto o quizas el corazón de todo sea el mercadeo político ante una presea de gran valor: el Estatut.

El Estatut será la primera norma que se acerque, o como digo supere, la constitucionalidad marcada por la ley marco española de 1978, es la primera vez que en plebiscito aunque fuera no vinculante obtuvo un mayoritario apoyo (70% pero con más de un 50% de abstención) y será la primera en la que la sociedad catalana se posicione de manera clara para buscar una presión sobre el tribunal constitucional. Hay, también, en esta ensalada, quien opina que los medios provocadores de esta ola de opinión coinciden, no solo por suerte, con todos recibidores de subvenciones de la Generalitat, no comparto la explicación de que esta circunstancia anómala, un editorial conjunto de doce medios, pero si apunto de que algo de “sugerencia

Es evidente que los catalanes tienen derecho a decidir su futuro, incluso eventualmente acercándose a las fronteras de la ley y por ende a la independencia, pero un referendum de esta magnitud, aún no vinculante, parece que resuelto por un 30% de la población fehacientemente en positivo parece escaso, por mucho que solo fuera consultivo. Por otro lado la reivindicación sobre el estatuto catalán marca más la necesidad de los catalanes de tener respuesta, tras cuarenta meses, sobre la constitucionalidad del Estatut que por su propio concepto. Si se quiere enterrar el Estatut alguien deberá cumplir con los honores, o verguenzas, y acarrear el peso político pero no esperar que muera tal cual. Si se quiere mercadear con el Estatut para obtener tales o cuales beneficios ya empieza a ser demasiado y si se quiere aprobar el instituto, como leen no dudo que hay mano política detrás, debe tomarse con todas las circunstancias que pueden seguir.

Por otro lado el órgano que deberá afirmar o negar su paso al ordenamiento jurídico, el tribunal constitucional, se encuentra en una guerra abierta institucional entre los magistrados cercanos al PP, y muchos de ellos deberían haber abandonado el puesto, y los cercanos al PSOE, más una vacante por fallecimiento y otra por sanción. Es decir que un tribunal peligrosísimamente sesgado por la política y por el anquilosamiento que provoca el barricadismo política a cualquier precio en este país habrá de decir y decidir sobre un estatuto fronterizo que puede dinamitar principios de igualdad de los ciudadanos y dar alas a un independentismo que ha intentado reinvindicarse en referendos tan poco mayoritarios como el del propio Estatut.

Por si esto fuera poco, además las presiones sociales, mediáticas, políticas y económicas abogan por un estatut que ha sido moneda de cambio político en los últimos años, con Convergencia i Unión, con los socios de ERC en la Generalitat y, lo que es sorprendente, en la relación entre el PSOE, gobernante de España, y PSC, gobernante de Cataluña. En este sentido cabe decir o indicar que la dependencia del PSOE del PSC, caladero de votos junto a Andalucía del socialismo español, hace que las decisiones de ética política, del cual hablé no hace mucho, se plieguen o se doblen.

El pacto consensual de la política, pacta sunt servando” se ha llegado a blandir cono defensa de los acuerdos bilaterales entre la Generalitat y el gobierno de España o el PSC y PSOE, continentes y contenidos, a la sombra y remedo de los acuerdos que dieron lugar a ese milagro inaudito que se llamó “transición”:. Esta es la única razón por la que los ministros andaluces y catalanes campen por los gobiernos de este país en muchos casos a despecho del valor personal y la calidad en la gestión.

De esta forma la decisión de calado, la aprobación de un punto de inicio o de salida para un cambio sustancial en la relación entre Cataluña y España, o el resto de España, por un tribunal con una lucha política encarnizada, en un ágora social, político y mediático con más servidumbres de uso y paso que un pasto comunal, con unos ciudadanos catalanes que ven que la dilación de la decisión del tribunal atiende a asuntos políticos y de oportunidad más que a la propia complejidad de la decisión y con unos partidos protagonistas con deudas y circunstancias que ignoramos o que no atienden del todo al bien común, el bién para el mayor número de personas, sino a aritméticas electorales y presiones intrapartido que son el alimento primigenio de lo que llamé “Ética politica”. Todo esto aderezado con unas decisiones en referendo que indican o al menos hacen sospechar que a los ciudadanos no les interesa estos encajes de bollillos de los gabinetes ideológico-políticos de los partidos catalanes sino la crisis y el día a día, la cual está lamentablemente tan desasistida como en el resto del territorio de conejos, que llamaba el catalán Espriú.

Por todo esto, por estas hipótesis, antecedentes y evidencias previas es por lo que, sin demostrarme abiertamente contra el Estatut , ni alegremente a favor me hacen preguntarme y albergar incertidumbres, sobre Cataluña, sobre los ciudadanos, sobre la ingeniería y arquitectura política que crea circunstancias que pueden no existir en la calle y sobre un sistema de separación de poderes, que a la verdad, simplemente es cambio de nombre de los mismos pero con intereses y éticas políticas matizadas.

Políticas, catalanes, referendos, tribunales, oportunidad y pertinencia. Recuerdos del día de mañana.

Imagen: http://www.e-faro.info/Imagenes/CHISTES/WChmes02/Acudits2005/050921_estatut_Catalunya.jpg

Imagen: http://webpages.ull.es/users/mbarral/entrantc.jpg

Imagen: http://www.eurielec.etsit.upm.es/~bisho/blog_files/referendum_estatuto_de_catalu%C3%B1a.png

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Es triste ver que están inidos para conseguir ventajas y separados para repartirlas.Esperan el estatut y ser nación porque les dará ventajas frente al resto de los españoles. http://hombredeapie.wordpress.com/2009/11/30/vascos-catalavascos-catalanes-espanoles-ciudadanos-del-mundo/

bonhamled dijo...

Habrá que ver si es así o no. es un marco legal nuevo pero dentro de la constitución.