viernes, noviembre 27, 2009

La irresponsabilidad

Vivimos una sociedad con una crísis de valores, o, peor aún, una discusión vacía sobre estos, los que sean, que hacen que sean recreados, revestidos, revisitados, redefinidos hasta ajustarse a la indolencia, la irresponsabilidad o el gusto de cada uno. Esto se muestra con la ética a medida de muchas personas, la ley del embudo de unos empresarios y políticos y, en general, de todo hijo de vecino que toma capa y la hace sayo cada oportunidad.

En este momento hablo de una noticia que se dío hace unos meses y que en su día se vendio como un ejemplo del avance de la ciencia o del desarrollo de la sociedad. Me refiero a aquella persona, mujer, que en la última etapa de su vida y gracias a los adelantos técnicos fue capaz de quedarse embarazada (con sesenta y siete años, engañando a todo el mundo que se puso por delante y, de esta forma, tuvo un hijo que, en realidad, fue un nieto. Esto que, como digo, fue jaleado y, al tiempo, sojuzgado por todos por la irresponsabilidad que conlleva, fundamentalmente respecto al niño nacido ha tenido un desenlace fatal, pero previsible, que es lo que me hace escribir. La madre ha muerto cuando el niño tenía tres años por lo que pasará la mayor parte de su vida sin su madre, presuntamente sin su padre y criado por otra persona de su entorno.

El pensamiento nace porque la madre dispuso del futuro, de la educación y de la experiencia de su hijo al actuar de esa manera, si bien es cierto que le dió el ser también abrogó la posibilidad de crecer con su familia intacta. El egoísmo de la madre de tener un "juguete" en esos días de su vida se antepuso al derecho del niño a disponer de una familia. Desde mi punto de vista una irresponsabilidad flagrante y un concepto extensivo del derecho de una persona a costa y en perjuicio de los demás, en este caso un bebé. Es consustancial que el ser humano piense y juegue a ser Dios en cuanto tiene oportunidad ya sea con el planeta, con el resto de seres humanos o incluso con si mismo pero esto nos ha de devolver una dimensión básica y, digamos, kantiana, del suceso este y otros muchos que anteponen la ética más teleológica, esto es el beneficio propio sin contar con los medios necesarios, por encima de todo, no solo del sentido común, como en este caso, sino de la aplicación más básica del respeto al prójimo, tanto más si es el hijo propio. Por desgracia las leyes siempre están por detrás de las evoluciones mentales de las personas que emplean el desarrollo tecnológico en un beneficio propio que de tergiversado y retorcido solo puede convertirse en un valor negativo. Este es el signo de los tiempos o, peor aún, de los seres humanos.

Personas, fines y no medios. Recuerdos del día de mañana.

Imagen: http://empleo.universiablogs.net/files/etica_trabajo.jpg