Las guerras son un negocio, ya sea porque activan las economías y las empresas derivadas directamente: armamento, explosivos, formación, o porque indirectamente generan unas inversiones e ingresos que permiten reforzar otros campos de la economía aparentemente alejados.
Además permite el más directo de los beneficios, el que obtiene el ganador frente al perdedor. Sin embargo este primer beneficio, el de que la gana, se oculta frente a los otros, la guerra como generador de riqueza. Cada vez la guerra es menos un medio para un fin, el control de un territorio, hacer pagar un agravio o el controlar un recurso, sino en una situación perenne de enfrentamiento que aprovecha a un gran número de personas, estados, organizaciones como se puede observar en las guerras olvidadas de Darfur o del Congo donde el negocio es el leitmotiv y causa básica de una guerra que se oculta o disfraza de movimiento de liberación o lucha contra la corrupción o dictadura de un régimen.
Los aprovechados de la guerra son los que realmente obtienen beneficios del dolor, de la muerte y del abuso. Y son realmente el corazón de los enfrentamientos. Los que ven su posibilidad, los que la financian y los que encuentran el pingüe beneficio sea cual sea el resultado.
“Nueve de cada diez víctimas de las guerras son civiles. El Ejército israelí se retira de Gaza y deja 1.500 muertos y 5.000 heridos declarados, además de ciudades devastadas. En Darfur llevan más de 200.000 muertos y 2 millones de desplazados. En el Congo se está viviendo el conflicto más sangriento desde la segunda guerra mundial: algunas fuentes hablan ya de 5 millones de víctimas”. Vía El Periódico.
Los marxistas, dicen que el capitalismo trae como consecuencia irremediable la guerra, en diferentes formas. Puede que el discurso de crisis- guerra- reconstrucción- nueva crisis. sea el de la nueva economía. Los liberales, al menos los clásicos, alertan contra el peligro de la guerra continua pero unos y otros, han empleado la guerra como medio, como argumento básico, como cimiento sobre el que apoyar, de manera falaz, parte de sus sofismas, parte de su concepción del mundo, parte de la expansión de sus ideas o su mercado.
En este mundo globalizado parece ahora podemos ser cada uno de nosotros los que se aprovechen de la guerra, invirtiendo en fondos y acciones que, al final, acaban en esos reductos de alta rentabilidad y beneficio asegurado.
Por eso es importante invertir de forma ética (aquí y aquí) y no solo buscar esa máxima rentabilidad que es el mismo principio que, luego, nos oprime en forma de despidos, y de abusos medioambientales, sociales o de estafas multimillonarias, y, en algunos casos, alimenta los dramas supremos de las guerras o los oprobios vergonzantes de las dictaduras.
Entre los inversores de las guerras hay bancos, incluso bancos públicos, empresas de todo tipo, iglesias, fondos de pensiones, fondos de inversión, estados, que ven en esas oportunidades de negocio una rentabilidad inmaculada cuando en muchos casos esconden la sangre y el abuso de la guerra. Por supuesto que el paquete a vender no solo está compuesto por la la alta rentabilidad sino por la propaganda de la “limpieza” del rédito obtenido y la “justicia” de invertir en libertad y democracia, “ayuda al desarrollo” e “I+D” aunque eso sea invertir en mercenarios, actividades bélicas, prohibidas y no prohibidas, y apoyo a dictadores. En este juego los medios de comunicación tienen una parte muy importante para “vender la idea” y opacar los grupos críticos con estas estrategias tan inmorales como rentables.
En Francia dos grupos de comunicación han sido adquiridos por industriales
cuyo capital procede de la fabricación de armas. Vía Revista fusión.
En estos tiempos de crisis y de falta de líquidez estas inversiones, estos dineros asegurados, estas actuaciones o inversiones que se hacen con la mirada en el bolsillo y la nariz tapada toman cuerpo y se justifican por si solas, por el futuro, por el trabajo, por la calidad de vida, por la pervivencia de un sistema que mañana seguirá con sus malas artes aunque eso signifique retirarle ese derecho a otro que vive a miles, o quizas a no tantos miles, kilómetros de distancia.
Guerra, guerreros y guerristas de levita y leontina, o de sotana y casulla. Recuerdos del día de mañana.
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