Este es el último de la serie de artículos que he dedicado a la izquierda. Una vez revisado el concepto de la izquierda tanto en el más radical como en el más cercano a la posibilidad de gobernar, la socialdemocracia y considerando la crisis ideológica que sufre en estos tiempos, solo nos queda decir:
¿Y el resto?
Me refiero a los militantes de base, en aquellos que creen en esa justificada redención sentimental y algo religiosa de la izquierda, en aquellos que creen que debe existir una solidaridad, entre todos, una conciencia de que el otro no es un enemigo, de que el mercado no debe dirigir la vida, donde el medio ambiente no está supeditado a los magnates, donde las clases más desfavorecidas deben verse beneficiadas y donde lo privado no es sinónimo necesariamente de lo bueno ni de lo ético. Como vemos los que tocarón el poder se camuflaron de neoliberales y los que no lo tocaron o bien se visten cada fin de semana de un traje distinto, IU, con falta de brújula y de timón o bien amparan a los más radicales entre los posibles.
No me refiero a los izquierdistas “pop”, aquellos de imagen y discurso, aunque no de actitud ni de activismo, aquellos de las camisetas del Che y, al tiempo, de discurso xenófobo, de solidaridad con los pueblos pero, al tiempo, negación a regañadientes de los valores sociales y de solidaridad en la sociedad, aquellos progres acomodaticios. Aquellos pertenecientes a la “gauche divine” que solo tiene de izquierda la lujosa imagen y una presunta ética que estiran y alargan hasta la dimensión de su desverguenza corrupta y egoísta.
También hablo de aquellos que votan al menos malo, donde la desconfianza a un sistema poblado de trujimanes puede tener derivas pelibrosas, aquellos que no se sienten representados por los constructos ideológicos simplificados que se nos presentan y no por las palabras claras de acciones definidas. Por eso la aparición de partidos políticos que recojan ese “sentimiento” e ideología actualizada de la izquierda sin perder la posibilidad de ser “liberales” al menos en cuanto a no querer cambiar un sistema que se ha demostrado el menos malo es un refrescante y lujoso punto de vista. UPyD puede ser ese recoveco para la ilusión. Otros partidos quizás de más izquierda pero, al menos, de mayor reflexión actual también pueden aportar ese soplo de aire fresco tan necesario.
En otro orden de cosas la base laboral de la izquierda, los sindicatos, han perdido poco a poco su influencia moral y su poder por sus conjuras con el poder, con el núcleo empresarial, por la corrupción y porque en el fin, daba razón a los que negaba su necesidad de existencia. Poco a poco, pero sin pausa, los derechos de los trabajadores se discuten, en terrible involución, se apela a la productividad de las largas jornadas, bajos sueldos y despidos gratuitos para justificar este retroceso y el mercado y los medios lo recogen con sorprendente indolencia por parte de la sociedad inmersa en esta globalización huracanada.
Esos son justamente los perdidos sin brújula, algunos de ellos, como el que escribe, está tan descreído de una izquierda a la que creyó y percató de parte de su mentira, y de una derecha a la que, simplemente, no cree aunque le encuentra severos e interesantes puntos de reflexión y valor sobre todo en lo que aparece tras el adjetivo “liberal”. Ya ha habido peticiones claras para “actualizar” esa izquierda, como el manifiesto Euston, renovar sus planteamientos y abandonar algunos lugares comunes que, al final, de podridos y oscuros han sido lugar de dictadura y muerte.
Sorprende, también, el cliché de la resistencia contra Israel de la mayor parte de las izquierdas, coincidiendo con lo más terrible de las derechas y ultraderechas, quizás ignorando que fue el único lugar donde el socialismo real ha tenido sitio y creencia sin necesidad de gulag ni de muerte administrada a millones.
Para estos perdidos, para estos que hay que encontrar y a los que llaman a zafarrancho en cada elección, a los que les sacan un banderín de enganche conocido aquí o allí y llaman a eso democracia, a los que narcotizan para que solo vean la realidad que vomitan desde los medios de la derecha y la izquierda, no existen medios independientes.
Esos, esos justamente necesitan un nuevo cambio, una nueva visión de la izquierda, alejada del “meter la mano” de algunos gobiernos de izquierda, del mesianismo alejado del todo de los terroristas, también del pasado ensordecedoramente terrible del comunismo y sobre todo de esa izquierda progre de póster en la pared y visa oro que parece el paradigma de lo concienciado y lo solidario con la dictadura de Castro y el autoritarismo populista e injerente de Chávez en el horizonte. Quizás estos tiempos de crisis, de conflicto larvado y latente sean los momentos para repensar la izquierda y su relación con la sociedad. En los tiempos de crísis siempre es cuando surge la oportunidad de cambio y evolución algunos lo vuelven a llamar keynesianismo y estatismo otros, con iguales criterios, echan la culpa a la existencia de control de esa “falta de control.”
El mundo blog, con su activismo social y comunicador, puede servir para, en parte, revisar este mundo. Para hacer un ejercicio de examen de conciencia y criticar algunos postulados muy propagandísticos y demagógicos hay quien dice que es demasiado tarde, hay otros que pensamos que si se comienza hoy, y de manera crítica, puede no serlo. Pero, lo que es claro es que no podrá revisar y revisitar las teorías más camufladas del liberalismo porque eso aboca a la confusión y a una “dejación” de funciones que nos lleva a la situación actual.
Barack Obama, es quizás un referente para la izquierda mundial, una especie de mesías mulato que permitirá que el gran mundo capitalista se pueda poblar de algo de conciencia social, medioambiental y ecológica, evite el belicismo a cualquier precio y, también, permita un acercamiento entre los bloques enfrentados de los que hablaba Samuel Huntinton. Estas esperanzas iniciales e iniciáticas ya se prevén que se verán frustradas por mor del continuismo e inercia necesaria para y por el sistema.
En estos tiempos de crisis de las cenizas terribles del comunismo ruso y del neocapitalismo comunista de China surge un nuevo fantasma terrible: el postcomunismo ultraliberal con todo lo peor de ambos sistemas y con intenciones no reconvenidas de ser superpotencias en todo el ámbito de la palabra.
En España debemos sacudirnos del “buenismo” terrible, de la izquierda, y de la penalización, satanización, de las derechas, como si eso convenciera algo, debemos eludir, pero al tiempo recordar tras curarnos de su tiempo, el echarnos en cara la terrible situación derivada de la guerra civil española entre 1936 y 1939 que sirve de cuando en cuando de bandera de enganche contra el “otro bando”. Ahora y en esta desconfianza desilusionada por las izquierdas, y las derechas, es donde el fantasma del interesado populismo radical, de derecha y de izquierda, puede encontrar lugar. En este estado la presencia de nuevos partidos que renueven la creencia en la democracia, en la izquierda y en el futuro es necesario porque la democracia nunca ha sido cosa de partidos sino de personas. No ha sido cosa de estudios de mercado y gabinete sino de sensibilidades. Sensibilidades que están abotargadas y dormidas por el maremagnum del crepitar de las eternas llamas del desencuentro político que vivimos.
La crisis han traido una primera ola de revueltas de Grecia, es probable que vengan otras derivadas del endurecimiento de las condiciones laborales y sociales. Sin embargo estas rebeliones y su posible influencia en los partidos políticos será menor que en el pasado: tienen menos base ideológica que las de París en el 60, troskistas, maoistas, situacionitas, además la revolución sexual y de rotura con el viejo régimen, nuestro “viejo régimen” reaganiano y thatcherista tiene apenas 20 años. Y era hasta ayer el objeto de deseo de casi todoseste capitalismo reconocido y reconocible.
Izquierdas en Recuerdos del día de mañana.
Test políticos para situarse:
http://www.theadvocates.org/quizp/index.html
http://politicalcompass.org/
Mi resultado es este:
