Abdul Baset Ali al-Megrahi es el, ¿único?, responsable del atentado terroristas obre el vuelo 103 de Pan Am en 1988 en Lockerbie, Escocia, donde murieron doscientas setenta personas entre las que estaban en el avión y los que murieron en el pueblo de Lockerbie, donde se desplomó el avión.
En estos días este terrorista que cumplía condena en Escocia ha sido liberado por razones humanitarias, tiene un cáncer de próstata en estado terminal. Como es natural esta liberación se ha dado entre múltiples quejas y bastantes incerdidumbres.
El terrorista ha sido recibido en Libia como un héroe. Libia, en la persona de su máximo mandatario libio Muammar el Gadafi, ha sido atribuido como responsable de ese atentado terrorista. En un tiempo, 1988, en el que Libia fue un país terrorista cuya confrontación con Europa y EEUU se demostraba en estos atentados terribles, el de Lockerbie y el 772 de UTA.
Anteriormente, en 1986, EEUU y el Reino Unido habían bombardeando Tripoli y Bengasi como consecuencia de una bomba en una discoteca de Berlín supuestamente vinculada a los servicios secretos libios, se supone que el atentado de Lockerbie fue la venganza por este ataque.
Libia siempre se negó a entregar a los sospechosos lo que le granjeó no pocas sospechas de colaboración en el atentado que solo se fueron reducido con el paso del tiempo y con el pago de indemnizaciones multimillonarias, hasta diez millones de dólares por víctima que fueron pagadas en 2002. Desde aquellos entonces Libia ha sido considerado un país que apoya el terrorismo, que colabora con los que generan el terror y, por tanto, un país incómodo frente a las costas europeas.
El pensamiento que me surge de esta breve episodio histórico es ¿Cual es la responsabilidad de estos países auspiciadores del terror?, ¿Como se puede luchar contra ellos sin caer en la pretensión de invasión que acaba alimentando aún más a los radicales como ocurre en Afghanistán?, ¿Ha de aplicar Europa la ley y también la compasión frente a estos funcionarios del terror?, ¿Como ha de reaccionar Europa ante las jaculatorias casi oficiales de estos funcionarios del terror?
Las preguntas son muchas, las respuestas muy pocas y aflora la sensación levísima pero terrible de que algo se cierne sobre todos en un juego de ajedrez mundial.
Algo parecido ocurre con Irán y la intención de Mahmud Ahmadineyad de promover a ministro de Defensa a una persona buscada internacionalmente, Ahmad Vahidi, como organizador del atentado de AMIA en Buenos Aires.
Es sabido que Irán, en su tiempo Libia, Siria, auspician el terrorismo internacional, también, y a su manera, EEUU y Rusia, echan gasolina a los fuegos para generar guerra favorable a sus intereses. La diferencia entre el juego de las superpotencias y el terrorismo no es muy grande aunque a veces si los métodos.
Las injerencias y connivencias de Venezuela en la política sudamericana y su comunidad de intereses con la narcoguerrilla de las FARC nos lleva a una situación de colaboración si acaso “indirecta” con la mayor y más cruel guerrilla de latinoamérica.
¿Cual ha de ser la posición de los países democráticos frente a estos países?, ¿Ha de castigar al pueblo mediante un bloqueo como ocurrió con Cuba, apoyadora de ETA por poner un ejemplo?, ¿Ha de mantenerse en un discreto y vigilante segundo plano, como ocurrió en la década de los setenta con Argelia?, ¿Debe colaborar con su desarrollo a pesar de que el terrorismo es indisoluble teoría, como ocurre con Al Fatah?.
Como decía antes, en el caso de Libia, y ahora en estos otros, la respuesta no es sencilla,
Guerras desde el sillón de un despacho cómodo. Recuerdos del día de mañana.
Imagen: http://www.topnews.in/scottish-court-rejects-early-release-jail-lockerbie-bomber-288940
Imagen: http://martinfrost.ws/htmlfiles/locherbie1.html