lunes, enero 18, 2010

Somalia, ocasiones para el desastre

Hace unos meses que se resolvió el último secuestro de un barco en aguas somalíes, el pesquero Alakrana fue liberado tras más de cuarenta días y el pago de un rescate. Tras el pago del rescate hubo quienes dijeron que para ese viaje no se necesitaban esas alforjas, las de la espera. Otros dicen que bien está lo que bien acaba, y, al fin otros más, en estas historias siempre hay muchos “otros”, sostienen que se sientan las bases para que estos hechos se repitan. Mi pregunta por encima de las críticas acerbas de los políticos está en la posibilidad de repetición, la sensación de que se favorece ese pillaje marino y donde esta la causa ulterior o definitiva de estos hechos. Intentaré autoexplicarmelo.

Los marineros han echado pestes contra sus captores, verdaderos piratas, y contra un gobierno que ha actuado lento, mal y echando las culpas a los militares presentes. Aquellos que no pueden defenderse o que por obediencia debida no contradirán a sus superiores jerárquicos que casi nunca morales. Y la cosa ha quedado así casi augurando nuevos episodios de angustias familiares, difíciles resoluciones y toda una industria creada bajo al amparo de una justicia y legalidad inexistente en Somalia, el país del cuerno de África. Bien es cierto que los países, en general, acceden a este pago y desde Japón a Alemania o EEUU y Polonia acceden al pago pese a la norma lógica de no ceder a estos chantajes. Pero la pregunta va más alla: ¿Por que ocurre esto en Somalia?

¿Cómo es posible que un país haya creado en la piratería y el pillaje una industria?

La respuesta está en la situación de desgobierno somalí que permite que algunos magnates, o mangantes, puedan formar estas cuadrillas de piratas, les doten de armamento, incluyendo los caros teléfonos satélite, y lanchas para apresar barcos. Estos magnates, en íntima relación con bufetes de abogados en Londres, son personas bien relacionadas con el régimen y bajo los cuales actúan esos pescadores reconvertidos en ladrones hambreados en alta mar. El abuso, las drogas, las violaciones, los robos y la violencia vienen añadido como una escalera descendente de la ética o de la ley pirata.

Los piratas no dejan de ser pescadores o ciudadanos que la continua guerra civil, el hambre, el desencuentro, las partidas de radicales islamistas o el chantaje imprevisible del señor de la guerra local les lleva a esa delincuencia rentable.

Hasta ahora los países occidentales se han echado las manos a la cabeza por la catástrofe humanitaria pero con poca respuesta económica y filantrópica, en Somalia pero ahora cuando rebosa el descontrol y se materializa en el “robo” de barcos amparado en el vacío de poder existente, es cuando nos escandalizamos, es cuando pedimos que se actúe, es cuando se permite que los buques factoría enrolen mercenarios, muchos de ellos asesinos a sueldo en esas mismas guerras africanas, sudamericanas, asiáticas o de oriente medio y nos llevemos las manos a la cabeza porque los fondos reservados de los ministerios de los países desarrollados paguen a esos captores.

En esta misma clave, aprovechándose de la anarquía y el vacío de poder de los diferentes señores de la guerra, es cuando los países occidentales y las empresas se aprovechan de los recursos existentes: esquilman sus aguas en busca de pesca, emplea sus fondos marinos como vertederos, se llevan los minerales, coltán, diamantes o materias primas valiosas.

Era cuestión de tiempo que alguien con suficiente poder y algo de armamento y tecnología propusiera el ejercer de pirata del s XXI porque, los piratas no son unos pobres desgraciados que asaltan pesqueros, bueno, quizás los ejecutores directos si, pero no los ideólogos que conciben esos delitos y solo se aprovechan de los que todos se han aprovechado de una autoridad inexistente, de unos derechos humanos desaparecidos, si alguna vez los hubo, de un respeto por la vida escaso, de un hambre desesperante y de un olvido vergonzoso. Porque como sabemos de largo, los piratas no se mecen cerca de las aguas de Mompracem de Salgari jugandose vida y fortuna sino que están en la tierra firme ya sea en Somalia, en Londres o en la dirección general de una gran compañía ordenando a unos pobres infelices, carne de cañón, que asalten roben y abusen de otros pobres infelices.

Piratas de barco y piratas de despacho en África y Europa. Recuerdos del día de mañana

Imagen: http://www.elmundo.es/elmundo/2009/11/17/espana/1258493244.html

Imagen: http://www.negativodigital.es/wp-content/uploads/2009/11/alakrana-ricky-davila.jpg