El dolor adormecido de lo que "pudiera ser" y lo que "debería ser", amanece en la poesía, veneno verderón de veneros de verdades. Esta epifanía se origina en estos días de abuso, económico, social, político donde cada hijo de vecino sufre en la quietud nerviosa de su día a día con estruendoso silencioSiendo como estamos siendo dañados los votantes, ciudadanos, contribuyentes, vecinos, trabajadores, empleados, recursos humanos, paganos de mil pagas, recibidores de casi ninguna regalía retomo "los nadies" aquel poema de Eduardo Galeano. Y lo retomo porque todos estos: "votantes, ciudadanos..." no son otra cosa que nadies.
Yo soy un nadie, ni siquiera un Don Nadie que se rasca la comida inexistente de los dientes con un palillo tras no comer como en el Lazarillo de Tormes, en virtud a un engreimiento tan español como atávico. Soy un nadie, sin más apellidos.
Nadies ni siquiera adheridos entre ellos, pegados con la voluntad de un futuro ideologizado, somos infinitos versos perdidos, notas entresacadas de la sinfonía desarmónica de la sociedad, cargadores de sacos rellenos de algos que desconocemos y no disfrutaremos, juguetes en manos de otros más listos, más rápidos, más vivos, mejor colocados; esos somos nosotros.
En el pasado incluso las izquierdas o las derechas, dependiendo del lugar, nos dieron un sitio, tiempo y oportunidad para caer, dejarnos caer, en el crisol exaltado de la autoinmolación justificada en la extenuación necesaria de esa pobreza secular, en la redención carmesí de un mejor futuro ético y estético, en la creencia de que codo con codo llegaría un mañana de hombres nuevos que acabarían con una opresión existente, que se difuminaría en sus grilletes como niebla en la mañana de sol, dándonos verdadera dimensión y magnitud de lo que en verdad solo era convención, el abuso y la tirania.
Al fin y a la postre todos estos sueños o pesadillas acabaron siendo más y más miedos de buró, opresiones de noches de frío, cárceles, muerte, y toda la panoplia de consecuencias que siempre tuvo y tendrá el ser nadie por mucho que leyera o se reuniera en conciliábulos secretos.
Todo ello ha pasado y, ya descreídos, ni siquiera nos creemos las mentiras. Ahora y por tener creeencias analgésinas nos valen las medias verdades o las mentiras bien repetidas. Con esa mentira como faro en la noche de la propaganda nos movemos a la luz inmisericorde de la polilla. La polilla también es un nadie busca la luz que le quemará.
Estos son días de vida adormecida en una masa amorfa grisácea con olor a mierda y sabor a excremento, vendida, comprada, adquirida, revendida, alquilada, convenida a la que todos, convencidos y descentrados, hacemos marketing y venta a comisión, una ganancia que a poquito casquivano llegará y en ello daremos por bueno todo el razonamiento de esfuerzo-recompensa-justicia, que tanto nos engaña y reconforta.Seguimos siendo nadies, vacios y separados, estabulados y apenas manumitidos, sin creencias en nada ni en nadie, si acaso en la televisión y en la mercadotecnia, nadies que pasaremos hambre comiendo, ignorantes leyendo, ignorados pensando y votando, inflamados muriendo en guerras a las que fuimos sorprendidos y convencidos granaderos. Vivimos los nadies en la tierra de nadie que siempre pertenece a un otro que siempre está próximo y que nunca es prójimo. Ese otro que no es nadie, que es algo o, incluso mucho, es quien se enseñorea en el nadir donde pisamos, el que se adueña de nuestro aire, de nuestras prisas, de nuestro hambre, de nuestra vida, de nuestros pensamiento, de nuestras acciones alquiladas. y de nuestras traiciones inmorales que denotan la vaciedad, torpeza y bajeza de nuestras tripas. Es el amo y dueño de los nadies.
Todo eso, y bastante más somos: Los nadies.
Los nadies
Sueñan las pulgas con comprarse un perro y sueñan los nadies con salir de pobres, que algún mágico día llueva de pronto la buena suerte, que llueva a cántaros la buena suerte; pero la buena suerte no llueve ayer, ni hoy, ni mañana, ni nunca, ni en lloviznita cae del cielo la buena suerte, por mucho que los nadies la llamen y aunque les pique la mano izquierda, o se levanten con el pie derecho, o empiecen el año cambiando de escoba.
Los nadies: los hijos de nadie, los dueños de nada.
Los nadies: los ningunos, los ninguneados, corriendo la liebre, muriendo la vida, jodidos, rejodidos:
Que no son, aunque sean.
Que no hablan idiomas, sino dialectos.
Que no profesan religiones, sino supersticiones.
Que no hacen arte, sino artesanía.
Que no practican cultura, sino folklore.
Que no son seres humanos, sino recursos humanos.
Que no tienen cara, sino brazos.
Que no tienen nombre, sino número.
Que no figuran en la historia universal, sino en la crónica roja de la prensa local.
Los nadies, que cuestan menos que la bala que los mata.
El poema recitado por el propio Galeano.
Pensamientos de una vida de aluvión. Recuerdos del día de mañana.
Imagen: Manuscrito del poeta: http://humanismoyconectividad.files.wordpress.com/2008/12/los-nadie-poema-de-eduardo-galeano.jpg
2 comentarios:
¿Un momento nihilista?
Un abrazo.
Un poco si, o quizás la conciencia y consciencia de que soy solo un número, pero ni siquiera concienciado, un borrego al matadero.
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